El Quantum Galileo Interferometer comparó la fase de un paquete de ondas de 87Rb en caída libre con la de otro mantenido estacionario respecto de la Tierra. La fase observada fue compatible con la predicción del principio de equivalencia en el régimen de baja energía estudiado. Es un resultado importante, pero mucho más preciso —y más limitado— que decir que la gravedad ya se ha demostrado cuántica.
Qué puso a prueba el interferómetro cuántico
El experimento no se limitó a observar cómo cae un átomo. La caída libre ya está descrita por la física clásica. La pregunta era más fina: ¿qué fase acumula una componente de la función de onda cuando cae, comparada con otra componente de la misma función de onda que permanece fija respecto de la Tierra?
En mecánica cuántica, una partícula puede describirse mediante una función de onda. En este caso, un único estado atómico contenía dos componentes coherentes asociadas a trayectorias distintas:
| Componente | Tratamiento físico | Papel en la medición |
| Paquete balístico | Se lanzó hacia arriba, se pasó a un estado insensible magnéticamente y se dejó caer bajo la gravedad | Acumuló la fase de la trayectoria en caída libre |
| Paquete de referencia | Se mantuvo estacionario mediante un gradiente magnético que compensaba su peso | Proporcionó la referencia para medir la fase relativa |
No eran dos átomos clásicos viajando por caminos independientes. Era una superposición coherente de dos componentes de un mismo sistema cuántico. Al volver a reunirlas, la diferencia de fase podía convertirse en una diferencia medible en las poblaciones de los estados atómicos.
Del principio de equivalencia clásico a la fase cuántica
El principio de equivalencia afirma, en términos generales, que localmente los efectos de la gravedad y de la aceleración pueden resultar indistinguibles. El experimento llevó esa idea a una situación cuántica muy concreta: una misma función de onda incluía una parte que caía y otra que permanecía sostenida.
La componente estacionaria no estaba protegida de la gravedad. Un gradiente magnético ejercía una fuerza hacia arriba ajustada para contrarrestar su peso. La otra componente, después de ser lanzada y transferida a un estado magnéticamente insensible, seguía una trayectoria balística bajo la gravedad.
La magnitud decisiva era la fase relativa. Una fase indica la posición de una onda dentro de su oscilación; aquí, la comparación entre ambas componentes reveló cómo evolucionaba la onda de materia durante la caída libre. La predicción incluye una dependencia cúbica con el tiempo de caída, con un término ideal proporcional a m g² T³/(6ℏ) en la formulación descrita para el experimento.
Cómo separa y reúne el QGI los dos paquetes de onda
El punto de partida fue un condensado de Bose–Einstein de aproximadamente 2 × 10⁴ átomos de 87Rb. Un pulso de microondas π/2 creó una superposición coherente de dos estados internos del átomo.
Después, los pulsos de gradiente magnético dieron a una de las componentes un impulso hacia arriba. Esa componente pasó al estado |F = 1, mF = 0⟩, que es insensible al campo magnético en primer orden, y quedó libre para seguir la trayectoria balística. La otra permaneció en el estado |F = 2, mF = 1⟩ y fue sostenida por un gradiente magnético.
El sistema estaba situado aproximadamente 113 μm por debajo de un chip atómico. Tras la evolución de las dos trayectorias, otro pulso magnético eliminó la diferencia de velocidad de la componente que regresaba. Así, ambas podían coincidir de nuevo en posición y momento.
Un pulso final π/2 transformó la fase relativa en poblaciones de estados internos. Esas poblaciones se midieron mediante imágenes de absorción. La idea es sencilla de resumir, aunque ejecutarla exige una precisión extraordinaria: separar, dejar evolucionar, reunir y leer la interferencia.
Qué dicen las mediciones
Los principales valores del montaje y de la señal observada son estos:
| Magnitud | Valor | Qué describe |
| Átomos del condensado | Aproximadamente 2 × 10⁴ | Átomos de 87Rb utilizados para preparar las componentes coherentes |
| Distancia al chip atómico | Aproximadamente 113 μm | Posición de los paquetes respecto del chip |
| Separación espacial máxima | Aproximadamente 7,5 μm | Distancia máxima entre las dos componentes de la función de onda |
| Temperatura efectiva | 3,3 nK | Temperatura tras el enfriamiento delta-kick |
| Oscilaciones observadas | Aproximadamente 13 | Oscilaciones de la señal de población |
| Fase acumulada | Aproximadamente 80 rad | Fase relativa acumulada en los datos |
| Residuos entre datos y simulación | Aproximadamente 2,5 % | Diferencia residual entre la medición y la simulación numérica |
| Ciclos experimentales | 633 | Ciclos de medición, de 30 segundos cada uno |
La señal llegó a mostrar aproximadamente 13 oscilaciones y una acumulación de unos 80 radianes. El estudio publicado en Science Advances describe una fase compatible con la predicción de caída libre y con la aplicación del principio de equivalencia a este sistema cuántico.
Conviene detenerse en el 2,5 %. Esa cifra expresa aproximadamente los residuos entre los datos y una simulación numérica; no significa que la fase tuviera un error universal del 2,5 % ni que el resultado fuese perfectamente exacto. La diferencia describe cómo encajan las mediciones y el modelo en las condiciones del experimento.
La serie de mediciones alcanzó 2T = 2.000 μs en el parámetro temporal indicado. El esquema experimental también describe una secuencia de 2,4 ms para una separación de 7,5 μm; son referencias temporales distintas y no deben mezclarse en una única duración.
Lo que el experimento no demostró
El resultado no demuestra que la gravedad sea cuántica. Tampoco unifica la mecánica cuántica con la relatividad general ni resuelve el problema de la gravedad cuántica.
Lo que sí hace es establecer un punto de control concreto: en la configuración del QGI, con un paquete de ondas atómico en caída libre y otro sostenido respecto de la Tierra, la fase observada sigue siendo compatible con la predicción del principio de equivalencia. Es una comprobación de la relación entre la mecánica cuántica y la gravedad en un régimen específico, no una teoría completa de cómo debe cuantizarse la gravedad.
Esta diferencia importa. Medir una fase cuántica compatible con la caída libre no equivale a demostrar que el propio campo gravitatorio está en una superposición cuántica. El experimento estudia el comportamiento de la materia cuántica dentro de un entorno gravitatorio controlado; no coloca al campo gravitatorio en el centro de la superposición.
El futuro: superponer nanodiamantes
El siguiente paso planteado por el equipo consiste en trabajar con nanodiamantes, objetos descritos como aproximadamente 10 órdenes de magnitud más pesados que los átomos utilizados en el QGI. La propuesta pretende explorar un régimen más masivo, en el que una superposición espacial podría relacionarse con dos curvaturas distintas del espacio-tiempo.
Ese proyecto es trabajo futuro y técnicamente exigente. También se relaciona con propuestas de colapso gravitatorio asociadas a Roger Penrose y Lajos Diósi, según las cuales la gravedad podría desempeñar un papel en la pérdida de una superposición cuántica. Una prueba de ese tipo plantearía una pregunta distinta y más ambiciosa que la del QGI.
Por ahora, la conclusión sólida es más concreta: un átomo puede formar una superposición de una trayectoria en caída libre y otra sostenida, y la fase relativa medida en esa configuración coincide con la predicción del principio de equivalencia dentro del régimen estudiado. No es la solución de la gravedad cuántica. Pero sí es una frontera experimental bien definida, y la física suele avanzar precisamente así: una pregunta enorme, reducida a una medición que se pueda hacer sin que el universo se escape por los márgenes.