Los investigadores infirieron distintos escenarios de colisión a partir de los espectros infrarrojos de 21 discos de escombros extremos alrededor de estrellas jóvenes. Relacionaron los discos ricos en sílice con impactos de alta energía entre cuerpos del tamaño de Marte y los pobres en sílice con colisiones menores y menos energéticas. El estudio se publicó en The Astrophysical Journal el 1 de octubre de 2026.
Una muestra de 21 discos de escombros extremos
El equipo estudió cinco discos a partir de observaciones archivadas del Telescopio Espacial Spitzer y otros 16 con el Telescopio Espacial James Webb (Webb). De estos últimos, 12 fueron observaciones nuevas y cuatro, seguimientos de sistemas que Spitzer ya había examinado.
Los espectros en el infrarrojo medio permitieron analizar las características del polvo. Los discos de escombros extremos contienen granos más pequeños que los discos protoplanetarios o los discos de escombros habituales, concentraciones inusualmente altas de polvo cálido y cambios irregulares de brillo.
La sílice apunta a dos tipos de impacto
La sílice —un compuesto mineral presente en el material rocoso— ayuda a distinguir dos patrones. Aproximadamente un tercio de la muestra corresponde a discos ricos en sílice; los investigadores los relacionan con impactos de alta energía entre cuerpos del tamaño de Marte, capaces de vaporizar una parte importante del material rocoso.
Los discos pobres en sílice representan aproximadamente los dos tercios restantes. El equipo los asocia con colisiones a menor escala y menos energéticas, incluidas colisiones rasantes entre objetos del tamaño de la Luna. Son escenarios deducidos de la composición y los espectros del polvo.
La edad de las estrellas y el brillo de los discos
En la muestra, los discos ricos en sílice se habían identificado hasta entonces alrededor de estrellas de menos de 300 millones de años. Los discos pobres en sílice aparecían en un abanico más amplio de edades y a menudo mostraban mayor variabilidad de brillo.
El patrón de edad avanzada se basa en tres discos que encajaban en el criterio considerado por el equipo. Los investigadores plantean que los cambios orbitales y las colisiones posteriores podrían explicar parte de la evolución del polvo y de las variaciones en el brillo infrarrojo.
Con las observaciones reunidas hasta ahora, la estimación de NASA sitúa en alrededor del 1 % la proporción de estrellas jóvenes con señales observables de esta fase de discos extremos.
Las pistas sobre la formación de la Luna
Los resultados son compatibles con el escenario según el cual un cuerpo del tamaño de Marte chocó contra la Tierra primitiva y aportó material para formar la Luna. Como contexto, NASA sitúa la formación de la Tierra y la Luna aproximadamente 100 millones de años después de la formación del Sol. La posible relación entre estos discos y el Bombardeo Intenso Tardío también se plantea como hipótesis.