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El matemático que hackeó OKCupid

De amor, matemáticas y bots


¿Hay alguna forma de encontrar el amor con la ayuda de las matemáticas? Creo que sería muy difícil incluso considerar esa posibilidad, pero cuando un experto en este campo despliega todas sus habilidades con el objetivo de conocer a su «media naranja», tiene mucho más sentido del que imaginamos. Así es como llegamos a la historia de Chris McKinlay, un matemático que un par de años atrás «hackeó» el portal de citas OKCupid para transformarse en la sugerencia número uno de al menos 30 mil mujeres…

Imaginen a un matemático viviendo en un cubículo de la UCLA con un salario mínimo, trabajando en su tesis. El desarrollo de su disertación requería una conexión remota a un superordenador para procesar sus cálculos, y mientras esperaba los resultados, este matemático «mataba el tiempo» en el sitio OKCupid. Tal y como lo insinúa su nombre, OKCupid es un portal de citas con la particularidad de presentar sugerencias sobre potenciales parejas a través de preguntas bajo el formato «multiple choice». Los resultados se visualizan en porcentajes, pero el detalle es que cada usuario del sitio escoge las preguntas que desea responder, y la popularidad de dichas preguntas tiene una enorme influencia en la «compatibilidad» calculada por OKCupid.

Es momento de darle a nuestro matemático su verdadero nombre: Chris McKinlay. Al parecer, McKinlay no había elegido las preguntas más atractivas para las mujeres registradas en el sitio, por lo tanto, sus resultados estaban muy por debajo de lo que esperaba. Eso lo llevó a la conclusión de que no podía acceder al sitio como si fuera un usuario más, y enfrentó el desafío como matemático. El primer paso fue crear doce perfiles falsos de OKCupid y un script en Python para extraer información directamente concentrada en su interés (mujeres heterosexuales y bisexuales entre 25 y 45 años).

Lógicamente, el sistema de OKCupid detectó a los bots de McKinlay, pero con la ayuda de un amigo fue capaz de reprogramarlos para igualar la velocidad de clics y escritura de un humano real. Tres semanas después, tenía más de seis millones de preguntas y respuestas. Lo que siguió fue la aplicación de un algoritmo modificado (K-Modes) para encontrar un patrón en esos datos, y generar un total de siete «grupos» diferentes de mujeres. Escogió los dos grupos que más le interesaban, y creó un perfil especial para cada uno, ajustado a los nuevos parámetros.

McKinlay comenzó a recibir un promedio de diez mensajes no solicitados al día, un número extraordinario cuando el promedio para cualquier otro hombre heterosexual o bisexual en OKCupid es cero. Básicamente se había convertido en una especie de «trending topic» dentro del sitio, y comenzó a tener citas… muchas citas. Por supuesto, eso significaba salir de su «zona de confort», y si hay algo que McKinlay podría confirmar hoy es que la tercera no es la vencida.

En su caso personal, el momento mágico fue la cita número 88, cuando conoció a Christine Tien Wang, 28 años, artista y activista. OKCupid había asignado un «91» a la compatibilidad entre ambos, y al encontrarse por primera vez, digamos que el famoso querubín arquero no falló. Tres citas y dos semanas más tarde, ambos cerraron sus cuentas en OKCupid, y un año después de aquella primera cita, apareció un anillo. Ella dijo que sí.

(Del archivo de NeoTeo, publicada el 22 de Abril de 2016)

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Escrito por Lisandro Pardo

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