El Nancy Grace Roman Space Telescope de NASA comenzó su misión el 30 de agosto de 2026, cuando un SpaceX Falcon Heavy lo lanzó a las 7:26 a. m. EDT —11:26 UTC— desde el Complejo de Lanzamiento 39A del Centro Espacial Kennedy, en Florida. El observatorio se separó del cohete unos 31 minutos después y entró en su fase inicial de pruebas y puesta en servicio mientras viaja hacia la región L2 del sistema Sol-Tierra.
Ese matiz importa: el lanzamiento ya ocurrió, pero la gran cosecha científica pertenece a la siguiente etapa. Roman está diseñado para cartografiar enormes zonas del cielo y estudiar energía oscura, materia oscura, galaxias, estrellas, planetas y supernovas. Sus cifras de descubrimientos son previsiones de misión, no hallazgos completados.
Roman ya está en camino, pero la ciencia llegará después
Roman no es simplemente otro Hubble ni un sustituto de James Webb Space Telescope. Su función principal será observar grandes extensiones del cielo con rapidez, localizar poblaciones y fenómenos cambiantes y generar objetivos que otros observatorios puedan estudiar con más detalle.
NASA sitúa el observatorio en una trayectoria hacia una órbita de halo alrededor de la región L2, a aproximadamente entre 930.000 y 1.000.000 de millas de la Tierra. Allí podrá mantener una posición adecuada para sus observaciones infrarrojas y su estrategia de sondeo de gran campo.
La fase inicial incluye pruebas, ajustes de trayectoria y calibración de instrumentos. En otras palabras: Roman ya ha empezado el viaje, pero todavía no estamos ante una colección de imágenes científicas de rutina. El telescopio tiene que desplegar, comprobar y ajustar sus sistemas antes de comenzar sus operaciones científicas completas.
Qué ocurrió después del despegue
La secuencia posterior al lanzamiento avanzó con varios hitos concretos:
- 30 de agosto de 2026: Roman despegó a bordo de un Falcon Heavy y se separó del vehículo aproximadamente 31 minutos después.
- 31 de agosto: completó su primera corrección de trayectoria. NASA describió la maniobra como un encendido de unos tres minutos.
- 1 de septiembre: desplegó su antena y su visor, una estructura protectora con forma similar a una visera.
- 1 de septiembre: NASA encendió el Coronagraph Instrument, que entró en una fase de calibración y pruebas.
El coronógrafo tiene una tarea especialmente interesante: bloquear parte de la luz intensa de una estrella para facilitar el estudio de objetos mucho más débiles situados cerca, como exoplanetas y discos circumestelares. Su activación marca un paso de puesta en servicio; no equivale todavía a resultados científicos obtenidos con el instrumento.
Julie McEnery, científica principal del proyecto Roman, resumió la complejidad de esta etapa al señalar que el observatorio no era precisamente “enchufar y listo”. En un telescopio espacial de esta escala, cada despliegue, corrección y calibración cuenta.
Por qué Roman cambia la escala de los sondeos del cielo
La gran baza de Roman es observar mucho cielo en cada campaña. NASA y las descripciones de la misión sitúan su campo de visión en al menos 100 veces el de Hubble, mientras que la velocidad de sondeo comunicada es de unas 1.000 veces la de Hubble.
No son tres formas de decir lo mismo. Cada cifra mide algo distinto:
- El 12 % se refiere a la fracción del cielo que Roman tiene previsto estudiar durante su misión.
- El 0,1 % es la cobertura del cielo atribuida a Hubble durante 36 años en órbita.
- Las 1.000 veces describen una comparación de velocidad de sondeo con Hubble.
Confundir cobertura, campo de visión y velocidad produciría una imagen engañosa. Roman no convertirá mágicamente cada observación en una fotografía más detallada; su ventaja está en abarcar mucho más terreno y hacerlo con una cadencia capaz de revelar cambios y grandes poblaciones de objetos.
Qué quiere estudiar Roman
La misión está planteada para investigar algunos de los problemas más difíciles de la astronomía actual. Sus observaciones ayudarán a estudiar la energía oscura y la materia oscura, además de seguir la evolución de galaxias, estrellas, planetas y supernovas.
NASA prevé que Roman podría detectar decenas de miles de planetas, miles de supernovas, miles de millones de galaxias y decenas de miles de millones de estrellas a lo largo de su misión. Son proyecciones sobre lo que el observatorio podría encontrar, no un balance de descubrimientos ya realizados.
La escala también permitirá construir catálogos astronómicos enormes. McEnery ha planteado que un mes de observaciones de Roman podría examinar la Vía Láctea hasta detectar una parte muy significativa de sus estrellas. La utilidad de esa capacidad no está solo en acumular números: también consiste en encontrar patrones, objetos raros y cambios que serían difíciles de localizar con campañas más estrechas.
Su espejo primario mide aproximadamente 2,4 metros de diámetro. El hardware fue construido originalmente para un proyecto gubernamental estadounidense de satélites de reconocimiento y después se reutilizó para Roman. Esa historia explica parte de su diseño, pero el papel actual del observatorio es muy distinto: levantar un mapa infrarrojo amplio del universo.
Roman, Hubble y Webb tienen trabajos diferentes
Hubble destaca en observaciones detalladas de zonas concretas y ha producido imágenes profundas de regiones relativamente pequeñas. James Webb Space Telescope está optimizado para inspecciones infrarrojas profundas y detalladas. Roman, en cambio, está diseñado para detectar grandes poblaciones y fenómenos que cambian en áreas mucho más amplias.
La relación entre ellos puede resumirse así: Roman puede ayudar a encontrar qué merece una mirada cercana; Hubble y Webb pueden concentrarse después en objetivos seleccionados. No es una competición sencilla por ver quién “hace mejores fotos”. Es una división del trabajo entre un observatorio de sondeo y telescopios capaces de dedicar más tiempo a estudiar objetivos concretos.
Esa estrategia será especialmente valiosa para buscar exoplanetas y supernovas, medir la distribución de galaxias y poner a prueba modelos sobre la expansión del universo. El resultado dependerá de las observaciones que lleguen cuando el telescopio complete su puesta en servicio.
Qué viene ahora
Roman continuará con el viaje hacia L2 y con la comprobación de sus sistemas e instrumentos. Las distintas etapas del trayecto incluyen el tránsito, la inserción orbital y la puesta en servicio.
Lo que sí está claro es el orden de las prioridades: llegar a la región de operación, validar el observatorio, calibrar sus instrumentos y preparar el gran programa de sondeos. Después llegará la parte que puede cambiar nuestra perspectiva del cosmos: convertir una enorme superficie del cielo en un conjunto de datos capaz de revelar cómo evolucionan las galaxias, dónde aparecen nuevos mundos y qué pistas esconden la energía y la materia oscuras.
El lanzamiento fue el comienzo. La verdadera prueba de Roman será lo que consiga encontrar cuando deje atrás la puesta en servicio y empiece a mirar el universo a gran escala.