Investigadores de OpenAI, Anthropic y Google cuestionaron a sus directivos en debates sobre seguridad y regulación de la inteligencia artificial. En OpenAI, investigadores y empleados afirmaron que contribuyeron a acercar a la empresa a los legisladores estatales; un portavoz de la compañía explicó que sus posiciones políticas responden a su evaluación de la tecnología y al ritmo de avance de sus capacidades.

Los investigadores entran en la disputa por la política de IA

Las discrepancias internas han llegado a las decisiones públicas de las empresas y a sus negociaciones con el Gobierno de Estados Unidos. Investigadores y empleados de OpenAI dijeron haber ayudado a que la compañía pasara de resistirse a la regulación a colaborar más estrechamente con legisladores estatales. Esa es su explicación de la influencia que ejercieron, no una atribución de las decisiones exclusivamente a los investigadores.

El desacuerdo también se ha hecho visible en Anthropic y Google: empleados de las tres empresas firmaron cartas de alto perfil, y más de 1.000 personas respaldaron la petición Pacing the Frontier. La cifra corresponde a quienes apoyaron la petición, no a un recuento exclusivo de empleados o investigadores.

OpenAI y las distintas explicaciones de su postura política

OpenAI respaldó un proyecto de transparencia en Illinois y otro de auditorías independientes en California. Los investigadores y empleados atribuyeron parte del acercamiento de la empresa a los legisladores estatales a su propia influencia.

Un portavoz de OpenAI ofreció otra explicación: dijo que las posiciones políticas de la compañía se basan en lo que observa en su tecnología y en la velocidad a la que avanzan sus capacidades. Ambas versiones describen de forma distinta cómo se define esa postura: los trabajadores destacan su influencia; la empresa, su evaluación tecnológica.

La disidencia adopta distintas formas en la industria

Jacob Coxon dimitió de Anthropic y criticó públicamente las prácticas de seguridad de la empresa. Varios compañeros que seguían trabajando allí respaldaron sus preocupaciones. Coxon habló de sus inquietudes sobre seguridad y del ritmo de desarrollo de la IA al explicar su salida.

La intervención de investigadores también complicó los esfuerzos de Anthropic para alcanzar un acuerdo con el Pentágono. Así, el desacuerdo interno trascendió las políticas de seguridad de la empresa y entró en sus negociaciones con el Gobierno estadounidense.

La segunda aportación prevista que no se realizó

Greg y Anna Brockman habían previsto aportar otros 25 millones de dólares a Leading the Future, un supercomité de acción política favorable a la IA. La segunda contribución no se realizó; la primera, también de 25 millones de dólares, se hizo en 2025.

En junio de 2026, Greg Brockman comunicó a empleados de OpenAI que la pareja había aportado 25 millones de dólares hasta entonces y que no tenía previsto donar más en ese momento.