En las últimas horas, los principales portales especializados han informado sobre la distribución de nuevos parches de seguridad para Windows, macOS y Linux, diseñados para hacer frente a una grave vulnerabilidad que afecta a todos los procesadores Intel lanzados en la última década. La buena noticia es que estos hotfixes corrigen los aspectos más críticos del fallo; la mala, que los chips podrían sufrir pérdidas de rendimiento de entre el 30 y el 40 por ciento según la aplicación.

Todos los procesadores Intel de la última década podrían ser vulnerables
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Si 2017 fue el año en que Intel volvió a sentir la presión de una competencia legítima, 2018 se perfila como algo mucho peor. Los errores de hardware son inevitables y ninguna generación de silicio ha logrado escapar por completo de ellos. En el mejor de los casos, una actualización de microcódigo o funciones extra en la BIOS pueden corregir el problema o aislar sus efectos, pero esta vez nos enfrentamos a algo más complejo: una falla considerada fundamental en los procesadores de Intel de los últimos diez años ha obligado a crear parches de emergencia que suponen un cambio estructural en el funcionamiento de los sistemas operativos.

Todos los procesadores Intel de la última década podrían ser vulnerables
Malas noticias para el silicio de Intel, y potencialmente para el resto del mercado.

Meltdown y la separación del kernel

La vulnerabilidad, bautizada como Meltdown, permite que los procesos del espacio de usuario (área de memoria reservada para la ejecución de programas y algunos controladores) puedan distinguir o reconocer, hasta cierto punto, el formato o el contenido de las áreas protegidas asignadas al kernel, lo que equivale a una filtración de datos, algo que no debería suceder. El kernel es invisible para los programas y, en condiciones normales, eso bastaría, pero el fallo en el silicio de Intel obliga a ir más allá: en lugar de permanecer invisible frente a un proceso en ejecución, la solución es que no esté allí directamente. Esa separación absoluta se conoce como KPTI o «Kernel Page Table Isolation», aunque el equipo detrás del kernel Linux utilizó el término «Forcefully Unmap Complete Kernel With Interrupt Trampolines», es decir, «FUCKWIT».

Parece que el fallo está contenido, pero, como ocurre con muchos medicamentos, los parches también tienen letra pequeña. Pasar de un espacio a otro en cada llamada al sistema implica que el procesador tenga que descartar datos de su caché y volver a leerlos desde la memoria, lo que provoca un overhead considerable. En otras palabras, los procesadores afectados funcionarán más lento. ¿Qué tan duro es el golpe? Depende del entorno y de las capacidades naturales de los chips, pero la estimación más optimista habla de un 5 por ciento, mientras que en el otro extremo podría alcanzar el 40 por ciento.

¿Qué pasa con AMD?

¿Qué pasa con los procesadores AMD? Según el ingeniero Tom Lendacky, el hardware de Sunnyvale no sufre esta vulnerabilidad ni requiere el uso de KPTI, pero debemos esperar. Todo dependerá de la implementación de los parches, y la tormenta de benchmarks será brutal. Continuará...

La respuesta oficial de Intel

Update 1: La declaración oficial de Intel asegura que trabaja con AMD y ARM para resolver el problema «de manera constructiva» porque no es exclusivo de su hardware, y que el impacto de rendimiento para el usuario promedio «no será significativo». Además, la compañía planeaba revelar la existencia del bug en una semana, pero decidió adelantarse debido a «reportes imprecisos» de la prensa.

El CEO vende acciones

Update 2: El CEO de Intel, Brian Krzanich, vendió 24 millones de dólares en acciones de la compañía a fines de noviembre, meses después de haber recibido información sobre la vulnerabilidad.

Fuente: The Register y Ars Technica.