Un estudio publicado el 13 de abril de 2026 propone que una entrada continua de polvo cósmico puede sostener la bruma baja de Venus. El modelo reproduce una distribución de tamaños de partículas acorde con la observada por sondas de entrada y plantea que esas partículas también favorecen la formación de nubes.
Un modelo vincula la bruma baja de Venus con polvo cósmico
La bruma está formada por partículas involátiles de tamaño submicrométrico, situadas entre la superficie de Venus y la capa principal de nubes. El equipo encabezado por Hiroki Karyu incorporó un modelo de formación de partículas a un modelo microfísico de las nubes del planeta para estudiar de dónde podría proceder esa capa.
El resultado apunta al polvo cósmico: el flujo continuo de material que entra en la atmósfera podría mantener una distribución de partículas similar a la observada por las sondas de entrada. Esas observaciones corresponden a partículas medidas anteriormente; el estudio propone un origen para ellas mediante un modelo.
Cómo las partículas podrían favorecer la formación de nubes
En el modelo, las partículas de origen cósmico actúan como núcleos de condensación: pequeñas partículas que facilitan la formación de material condensado. Así podrían promover la formación de nubes en la capa principal de Venus, incluso lejos de la zona donde se originaron.
La propuesta enlaza dos procesos atmosféricos: el polvo que entra desde el espacio puede contribuir a la bruma baja y, a su vez, las partículas de esa bruma pueden intervenir en la formación de nubes. El equipo también describe las partículas modeladas como enriquecidas en magnesio y hierro.
El hierro, una posible pista sobre el absorbente ultravioleta
Venus presenta un absorbente ultravioleta cuyo origen sigue sin identificarse. El estudio plantea que el hierro de las partículas de origen cósmico podría ser una fuente de ese material. Es una posibilidad propuesta por el modelo, no una identificación del absorbente.
Una herramienta para estudiar atmósferas densas
El equipo señala que el modelo también puede orientar futuras investigaciones sobre atmósferas densas, incluidas las de los gigantes gaseosos y los exoplanetas. Su utilidad está en ofrecer una vía para estudiar cómo el polvo que llega desde el espacio podría influir en las partículas y las nubes de esas atmósferas.