Síndrome de resignación: La extraña ola catatónica que afecta a los niños

Las autoridades suecas llevan casi dos décadas tratando de entenderla

La búsqueda de asilo político (y el riesgo de ser deportado) es uno de los procesos más traumáticos que puede vivir un ser humano, con un especial énfasis entre los niños. Durante los últimos 20 años, los expertos de salud suecos han detectado múltiples casos de catatonia profunda en hijos de refugiados. El llamado «Síndrome de resignación» o «Efecto Blancanieves» provoca una desconexión con la parte consciente del cerebro del niño, por lo que deja de hablar, caminar, comer, e incluso abrir los ojos.

El mundo está en caos, la población se desplaza para escapar de los conflictos bélicos o tratar de encontrar un futuro mejor, y las grandes potencias reaccionan ya sea cerrando sus fronteras o multiplicando los requerimientos para el ingreso legal. El abuso físico y mental no sólo deja terribles secuelas en los adultos, sino que parece amplificarse entre los más pequeños. En los últimos veinte años, las autoridades suecas han registrado los efectos más perturbadores de esas experiencias. Los niños de refugiados entran en espontáneas huelgas de hambre, dejan de caminar y de hablar, e incluso mantienen sus ojos cerrados a pesar de los estímulos externos. El nombre general para esto es «Síndrome de resignación».


Síndrome de resignación
Dos niñas de la misma familia, Ibadeta y Djeneta, afectadas por el síndrome

En un principio se creyó que el síndrome estaba localizado únicamente en Suecia, ya que todos los reportes se concentraban en ese país, y los niños no ingresan al territorio con esa condición, sino que la desarrollan allí, a veces con una velocidad escalofriante. La confirmación del rechazo de las solicitudes de asilo presentadas por los padres o del proceso final de deportación suelen ser los detonantes. Los doctores tratan de aportar un poco más de precisión, y su hipótesis sugiere que el síndrome es producto de la combinación entre el abuso que los niños sufrieron en su país de origen, y el terror de regresar allí después de haberse adaptado por completo a la sociedad y las costumbres suecas. También han dicho que sus pacientes no tienen antecedentes previos de daño físico o neurológico, sino que simplemente «se caen del mundo», como si fuera una forma de protección.

Los primeros casos del síndrome se manifestaron a fines del siglo pasado, y hacia el año 2005, más de 400 niños habían sido diagnosticados con esa condición. Un grupo de 42 psiquiatras acusó al gobierno sueco de cometer «abuso infantil público y sistemático». Pero muchos se preguntan: ¿Por qué Suecia? El síndrome de resignación ha sido clasificado como «vinculado a la cultura». Cada cultura posee un grupo de síntomas específicos. Por ejemplo, en algunas partes de la India hablan del Dhat, impotencia asociada a la idea de que los hombres «están perdiendo su semen», y en Japón aparece el muy mediático Hikikomori. El tratamiento más efectivo para combatir al síndrome de resignación es la confirmación de que el niño y su familia permanecerán en el país, pero sus síntomas pueden extenderse hasta seis meses después de recibir la residencia.


Síndrome de resignación
El alcance del síndrome ya no estaría limitado a Suecia. Las condiciones para los niños refugiados en la remota República de Nauru son de muy alto riesgo.

Los suecos tienen una palabra para esto: Trygghet, una sensación de seguridad y confianza, libre de ansiedad, miedo e incertidumbre. Algunos doctores suecos creen que nadie puede estar realmente saludable sin Trygghet, pero la historia no se termina allí. El síndrome parece haber desarrollado una variante muy similar en la República de Nauru. En agosto último, un niño iraní de 12 años empezó a presentar los mismos síntomas, negándose a comer y reduciendo a cero su interacción con los demás. ¿Veremos más casos en otras partes del mundo?


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Lisandro Pardo

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