El ajedrez es un juego fascinante, fácil de aprender y más profundo de lo que muchos creen. Pero ni siquiera este noble juego escapa a ciertas anomalías. Todos recordamos las famosas «máquinas de ajedrez», como El Turco, que no eran más que engaños baratos para impresionar a la gente. Sin embargo, algunas de esas máquinas no usaban trucos... sino algo mucho peor.
Un hallazgo inquietante
La Fundación encontró esta máquina en los años 90, juntando polvo en un laboratorio abandonado, debajo de lo que había sido la casa de un profesor universitario en Inglaterra. Los detalles como el nombre del profesor y la ubicación exacta fueron clasificados, lo cual resulta un poco extraño... pero no es la primera vez que sucede, y no será la última.
Los componentes de SCP-1875
La pieza principal fue designada SCP-1875-1. Como se aprecia en la imagen, es una mesa con un eje en un costado y un tablero estándar de ajedrez en la parte superior, hecho de acero inglés. El acero es antiguo, del siglo XIX; el análisis de la pátina sugiere una datación entre 1820 y 1879, aunque son datos aproximados. El segundo elemento, SCP-1875-2, es el set completo de piezas de ajedrez, talladas siguiendo un viejo estilo oriental. Las piezas están hechas de hueso humano y cada una posee una pequeña base metálica.
El tercer componente es una máquina de vapor estacionaria, Maudslay, Sons & Field del año 1840. La máquina sirve como fuente de energía y se conecta al eje de SCP-1875-1. También recibió algunas modificaciones, principalmente un control de velocidad con cinco posiciones identificadas con números romanos. La última pieza es una armadura samurai, estilo Gusoku. Al parecer, la armadura era sentada y colocada frente a la mesa para transmitir la ilusión de que se jugaba al ajedrez contra ella. Una decisión bastante astuta... teniendo en cuenta lo que oculta la mesa.
Cuando los técnicos de la Fundación la abrieron, encontraron una matriz de electroimanes conectada a un sistema biomecánico. El tejido es cerebral... y proviene de dos humanos diferentes. Alguien lo integró al sistema para que controle las piezas usando los electroimanes bajo cada casillero. Los técnicos ya tienen una idea o dos sobre el aspecto mecánico, pero la parte biológica sigue siendo un misterio. Sólo se sabe que las muestras genéticas del tejido cerebral y el hueso de las piezas coinciden a la perfección.
Un origen trágico
La Fundación entró en contacto con un representante del profesor que había sido dueño de la propiedad, y fue él quien compartió algunos detalles sobre el origen de la máquina. Lo más interesante entre las pertenencias del profesor era un viejo recorte de un periódico ruso, que hablaba de la desaparición de las hijas gemelas de un campeón de ajedrez local. Las niñas tenían apenas 14 años cuando las secuestraron y jamás volvieron a encontrarlas. Las autoridades tampoco lograron identificar al responsable. Tal vez fue más de uno... nunca lo sabremos.
La máquina tuvo varias apariciones en público como «El Samurai», toda una atracción para la época. Su último evento sucedió en San Francisco a principios de abril de 1906. El dueño terminó muerto a causa del terremoto que ese mismo mes destruyó el 80 por ciento de la ciudad, y de algún modo acabó en Inglaterra.
Las pruebas de la Fundación
Obviamente, la Fundación no lo pensó dos veces. Conectó todos los elementos, sentó a un Clase D frente al Samurai e inició una serie de cinco juegos. La velocidad «I» reproduce la habilidad de un principiante, con un Elo entre 800 y 1.000. En cambio, la velocidad «IV» supera un Elo de 2.500. Pero los problemas comenzaron al utilizar la máxima velocidad, «V». La máquina comenzó a realizar movidas absurdas e ilógicas. Varias movidas ilegales forzaron el reinicio de las partidas, y la velocidad del movimiento de las piezas aumentó hasta el punto de que la máquina las chocaba entre sí, provocando daños en el set.
La Fundación creyó que había neutralizado la situación apagando la máquina, pero cinco minutos más tarde, todos los miembros del equipo involucrado con SCP-1875 recibieron un correo electrónico. En él había un adjunto muy extraño, de más de 17 megabytes, con el nombre «шахматы». El cuerpo del correo también incluía una imagen en blanco y negro. Todas las alertas meméticas se dispararon.
El simple hecho de ver esa fotografía provoca ansiedad, dolor de cabeza, insomnios, alucinaciones acústicas y visuales. Siete horas después de la exposición, la persona afectada deja de responder a estímulos externos. A las once horas parece recobrar la lucidez, sólo para solicitar acceso a un ordenador que haya reproducido la imagen. Más allá de las doce horas comienza la automutilación... y el resto.
Contención
La Fundación estableció que SCP-1875 debe ser separado de cualquier red inalámbrica de datos, aislado en una caja de Faraday y contenido con cerraduras estrictamente mecánicas. El equipo de contención incluye dos expertos en seguridad informática y una psicóloga... especializada en niños. Sólo esperamos que eso sea suficiente y que esa imagen no llegue a filtrarse...