El 29 de septiembre de 2026, Donald Trump presentó en la Casa Blanca un pacto voluntario de seguridad de IA entre el Gobierno de Estados Unidos y seis empresas identificadas como firmantes: Google, Meta, OpenAI, Anthropic, Nvidia y xAI. El acuerdo contempla controles internos, evaluaciones externas y supervisión independiente, pero no es una ley ni prevé multas o una obligación legal de cumplimiento.
Un pacto voluntario para la seguridad de la IA
El compromiso aborda la seguridad de los sistemas de inteligencia artificial mediante medidas en las propias compañías y revisiones externas. Entre sus objetivos figuran que los sistemas sigan las instrucciones de sus desarrolladores y prevenir accesos no autorizados o imprevistos a sistemas técnicos, con atención a los riesgos de ciberseguridad y bioseguridad.
Cuatro frentes de seguridad y supervisión
El esquema descrito reúne controles de las compañías, equipos internos de seguimiento de riesgos, evaluaciones externas y un comité independiente vinculado a los consejos de administración. Cada elemento cumple una función distinta dentro de la estructura prevista:
| Capa | Quién interviene | Función descrita |
| Controles de seguridad | Las compañías | Proteger sus sistemas y prevenir accesos no autorizados o imprevistos. |
| Seguimiento de riesgos | Equipos internos de las compañías | Vigilar riesgos y atender a la alineación de los sistemas con las instrucciones de sus desarrolladores. |
| Evaluaciones externas | Evaluadores independientes | Revisar los sistemas y los riesgos asociados. |
| Comité independiente | Un comité vinculado a los consejos de administración | Aportar supervisión independiente. |
El pacto no crea obligaciones legales
El acuerdo se refiere a la actividad de las compañías en Estados Unidos y no sustituye las obligaciones legales que les sean aplicables en la Unión Europea. Su carácter es voluntario: no es una ley y no contempla multas ni una obligación legal de cumplimiento.
Mistral y Cohere criticaron la iniciativa por el riesgo de que las grandes tecnológicas estadounidenses pudieran fijar reglas que protegieran su ventaja competitiva.