Algunas especies de acuicultura reciben pienso con harina y aceite de pescado obtenidos de capturas silvestres. La harina se produce al cocer, prensar, secar y moler pescado o restos de su procesado; después puede mezclarse con otros ingredientes para formar pellets. La importancia de esta cadena depende de qué especies se crían y de cómo se formula su alimento.
Cómo llega el pescado silvestre al pienso
En algunas fórmulas, la harina aporta proteínas y el aceite de pescado se separa del líquido generado durante el procesado. Los pellets también pueden llevar proteínas y aceites vegetales. Así, una captura puede convertirse en ingredientes para alimentar peces de cultivo, aunque las necesidades varían según la especie y el sistema: mejillones, ostras, almejas y vieiras, por ejemplo, no necesitan pienso fabricado, según la investigación de The Outlaw Ocean Project publicada por The New York Times el 8 de octubre de 2026 (investigación).
Una animación educativa de KQED QUEST resume el recorrido desde peces pequeños como anchoas y sardinas hasta la harina, la mezcla con maíz y soja y la formación de pellets. El vídeo, publicado en 2014, ilustra el proceso; no documenta los hallazgos de la investigación de 2026.
Qué miden las cifras globales
The Outlaw Ocean Project contabiliza 1.414 plantas de harina de pescado cartografiadas en 64 países. Por separado, la investigación publicada por The New York Times identificó más de 2.400 barcos vinculados a la producción y estimó que la flota mundial más amplia supera los 10.000 buques. Son cifras de poblaciones distintas: plantas registradas, barcos identificados y una estimación de la flota total (inventario del proyecto; investigación sobre la flota).
La herramienta Bait to Plate del proyecto sigue la cadena desde el barco hasta la planta, el molino de pienso, la granja acuícola y el punto de venta. Ese recorrido permite observar cómo un ingrediente marino puede pasar por varias empresas y países antes de llegar al mercado.
El mercado de pescado descrito en Senegal
En Senegal, The Outlaw Ocean Project informó de que las plantas compran pescado entero además de residuos del procesado. Esa demanda puede mantener la compra cuando los mercados locales ya están saturados, eliminando la pausa comercial que antes se producía en esas circunstancias. El proyecto describió más de 50 plantas en Mauritania, Senegal, Guinea-Bisáu y Gambia, con un consumo estimado conjunto de medio millón de toneladas de pescado al año (reportaje sobre Senegal).
El mismo reportaje comunicó cambios en periodos diferentes: entre 2009 y 2018, la disponibilidad de pequeños pelágicos en los mercados locales cayó un tercio; entre 2019 y 2025, los precios del pescado fresco y seco se más que duplicaron; y las exportaciones senegalesas de harina de pescado se más que duplicaron entre 2022 y 2023. Son tendencias descritas para esos periodos y ese contexto, no una medida de cuánto contribuyó por sí sola la demanda de las plantas.
Las alternativas también tienen límites
Parte de la harina y el aceite puede proceder de subproductos del procesado. En una estimación publicada en 2022, FoodUnfolded calculó que estos representaban el 27 % de la harina de pescado y el 48 % del aceite de pescado. La harina de insectos es otra opción, pero la misma publicación señaló límites relacionados con su digestibilidad, su composición de aminoácidos y la escala de producción (análisis de FoodUnfolded).
Sustituir ingredientes marinos por vegetales tampoco elimina necesariamente la presión sobre otros recursos. Un modelo sobre pienso para camarón publicado por Sustainable Fisheries UW en 2019 estimó que la sustitución máxima con cinco cultivos elevaría el uso de agua dulce un 63 %, el de suelo un 81 % y el de fósforo un 83 % respecto al uso actual de esos cultivos. Son resultados de ese escenario modelizado, no mediciones de todas las granjas (análisis del modelo).