La periodista de The Guardian Kari Paul tenía un plan sencillo para el fin de semana de San Valentín: pasar unos días con su pareja en el norte de California. Para desplazarse, eligió Gig, una plataforma que promete un «servicio inteligente de coches compartidos». La primera parte del viaje transcurrió sin problemas, pero todo cambió cuando, tras una parada en la playa, descubrió que no podía desbloquear el vehículo.
Gig es una start-up instalada en California que alquila una flota de híbridos, principalmente Toyota Prius y Chevrolet Volt, a unos 65.000 usuarios en las regiones de Bay Area y Sacramento. La apuesta es la conveniencia: con una app, el potencial usuario evita papeleo y viajes a la concesionaria. Te acercas al coche, pagas, lo desbloqueas de forma remota y conduces. Eso es todo.
Kari y su pareja decidieron parar en la playa para dar un paseo, pero al regresar descubrieron que no podían desbloquear el coche. El servicio de atención al cliente de Gig les explicó que la señal de la red celular en esa zona (un tramo de la Ruta Estatal 1 de California en un radio de 64 kilómetros) no era suficiente para realizar el desbloqueo. La única opción era remolcar el coche.
Un correo electrónico enviado por Gig al mediodía, y que llegó mucho más tarde, reveló que, por cuestiones de seguridad, los vehículos deben re-sincronizarse con la nube cada 24 horas. Sin embargo, eso no es posible cuando el coche está en movimiento, se pierde la señal celular o el coche está a más de 80 kilómetros de su «HomeZone».
La señal fue suficiente para que Kari pudiera narrar su situación en Twitter, pero encender el coche era imposible. Finalmente, el remolque de Gig llegó y los llevó de vuelta al Airbnb con WiFi, el cual no sirvió de nada, porque el desbloqueo solo es compatible con redes celulares.
Kari y su pareja debieron pedir a Gig un segundo remolque y seguir intentando resetear el vehículo. Pero existe otro detalle: hay un número fijo de intentos diarios de reset, y ya los habían consumido todos. Seis horas, dos remolques y veinte llamadas a soporte técnico más tarde, el coche fue reiniciado por completo (había «un inconveniente con el software») y puesto en marcha. La última recomendación del soporte fue: «Salgan de ahí - ahora».
Lógicamente, la compañía no tardó en iniciar su control de daños. Kari recibió un reembolso completo por el viaje, con un crédito extra de 85 dólares. Pero Gig también ofrece a sus usuarios una tarjeta RFID que permite el desbloqueo de sus vehículos en zonas de baja o nula recepción. El problema es que el envío de esa tarjeta demora dos semanas (Gig le dará una a la periodista de todos modos). Cuando despertó y salió a la calle, el coche ya había sido retirado. El dolor de cabeza de un usuario se transformó en conveniencia para otro.
https://old.neoteo.com/chip-rfid-en-el-brazo-tesla-model-3/Y estos casos se están multiplicando. Annie Lowrey de la publicación The Atlantic sufrió algo similar con el servicio Zipcar. Un usuario de Reddit tuvo problemas en el famoso puente Golden Gate un año y medio atrás. La conclusión es la misma: más allá de la buena voluntad del soporte técnico, no pueden hacer nada sin una conexión remota estable y de calidad. Coches inteligentes que pierden el cerebro por el camino, remolques, sesiones de espera que se extienden durante horas en el medio de la nada, y la frustración como servicio. Es el futuro, damas y caballeros.
Fuente: The Guardian
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