La llamada teoría del aprendizaje social sostiene que un nuevo comportamiento se adquiere no solo mediante recompensas y castigos, sino también con observación e imitación. Para ponerla a prueba, el psicólogo canadiense Albert Bandura organizó una serie de experimentos con niños conocidos como «El experimento del muñeco Bobo», cuyos resultados revelaron una tendencia preocupante entre los más pequeños a reproducir acciones violentas, tanto verbales como físicas.

El experimento del muñeco Bobo: ¿Violencia real en los niños, o pura manipulación? (vídeo)
Bobo

«Los niños repiten todo lo que ven en la televisión», «los videojuegos causan violencia»... el patrón es claro: la mente infantil se compara a una esponja que absorbe y reproduce lo que recibe, en especial lo que se considera «mal comportamiento». Las evidencias anecdóticas no bastan, y siempre aparecen argumentos extraños en todas direcciones para justificar posiciones, pero el debate sigue abierto.

El experimento del muñeco Bobo se llevó a cabo en 1961 y 1963. La primera edición contó con 72 participantes, separados entre niños y niñas, expuestos a dos modelos: uno agresivo, en el que se golpea e insulta a un muñeco Bobo, y otro no agresivo que lo ignora. Ambos modelos fueron reproducidos por hombres y mujeres, de modo que doce niños y doce niñas vieron el modelo asignado siendo desarrollado por el sexo opuesto. En la segunda versión, el número de participantes se redujo a 66, separados en tres grupos que vieron un filme en el que una persona adulta golpea al muñeco.

El experimento del muñeco Bobo: ¿Violencia real en los niños, o pura manipulación? (vídeo)
Estructura del primer experimento en 1961

Los resultados de Bandura fueron consistentes: los participantes bajo el modelo agresivo mostraron mayor propensión a imitar ese comportamiento, e incluso inventaron nuevas formas de atacar al muñeco. El número de instancias agresivas fue superior entre los varones, especialmente cuando vieron en acción al modelo de su mismo sexo.

Desde entonces, el experimento del muñeco Bobo ha recibido numerosas críticas. La más importante es que no se trata de un estudio sobre agresión, sino de motivación: los niños simplemente se vieron impulsados a imitar al adulto en sí, y no su violencia. Otros reclamos apuntan a la falta de desarrollo cognitivo en los niños, incapaces a veces de separar la realidad de la fantasía. En la otra acera, el Modelo General de Agresión (videojuegos) y la Teoría de Cultivo (televisión) acompañan en cierto modo los resultados de Bandura. Una cosa es segura: vamos a seguir hablando sobre el muñeco Bobo durante décadas.

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