El 1 de octubre de 2026, Google informó de que el prototipo de Project Suncatcher había establecido contacto en órbita y funcionaba según lo previsto. La compañía lo describe como una investigación a largo plazo para estudiar cómo responden sus TPU al estrés del vuelo espacial, la radiación y los extremos térmicos: es una prueba de hardware, no la puesta en marcha de un centro de datos comercial. El anuncio de Google detalló el estado y el objetivo del ensayo.

Qué prueba realmente Project Suncatcher

Google y Planet construyeron el prototipo, lanzado en la misión compartida Transporter-18 de SpaceX. El primer contacto del satélite también quedó recogido en la cobertura inicial de NeoTeo.

Un centro de datos orbital sería un conjunto de equipos informáticos instalados en satélites, alimentados con energía solar y equipados con radiadores para expulsar calor. El interés por alternativas a los centros terrestres se entiende en un contexto de demanda creciente: Business Insider España atribuyó a la Agencia Internacional de la Energía un consumo mundial de unos 415 TWh de electricidad en 2024 y una proyección de casi 945 TWh para 2030 en su escenario base.

El calor y el mantenimiento complican la escala

En el vacío no hay aire alrededor de los equipos que se lleve el calor: hay que transportarlo hasta radiadores y disiparlo mediante radiación. Esas estructuras añaden masa, y cada kilogramo debe viajar hasta la órbita. La energía solar es una ventaja que se busca aprovechar, pero no elimina la gestión térmica, el coste del lanzamiento ni la necesidad de reparar o sustituir componentes.

En entrevistas publicadas por Business Insider España, José Fernández Tamames y Paula Raboso abordaron obstáculos como la radiación, la fiabilidad del hardware, la masa y el coste de lanzamiento, el mantenimiento, los efectos ambientales y la seguridad. Andrew Cote también identifica la reparación, la sustitución de equipos y los residuos orbitales como retos operativos. En los comentarios a su análisis, un lector llamado Geoff expresó preocupación por las colisiones y los efectos de las constelaciones en el cielo nocturno. El análisis de Andrew Cote plantea estos puntos como parte de la evaluación de la viabilidad orbital.

El escenario orbital cuesta más en el modelo de cinco años

IEEE Spectrum calculó los costes de dos escenarios hipotéticos de 1 GW durante cinco años. El orbital contempla una red de unos 4.300 satélites; sus cifras incluyen diseño, construcción, lanzamiento y cinco años de gastos de operación. El terrestre sirve como alternativa de la misma capacidad y periodo.

EscenarioCapacidadCoste total estimado en cinco años
Red orbital de unos 4.300 satélites1 GWUnos 51.100 millones de dólares
Centro de datos terrestre1 GWUnos 16.000 millones de dólares

El modelo de IEEE Spectrum sitúa el coste orbital en aproximadamente 3,2 veces el terrestre, al dividir las cifras redondeadas. Es una estimación para esos escenarios, no el coste observado de una instalación construida.

Qué cargas podrían encajar mejor en órbita

La potencia de cálculo no basta para decidir qué conviene trasladar al espacio: también importa cuántos datos deben viajar entre el satélite y la Tierra. Andrew Cote sostiene que procesar datos de observación terrestre en órbita, ejecutar inferencias y realizar algunos entrenamientos aislados podrían adaptarse mejor a enlaces limitados que los servicios interactivos que requieren intercambios continuos y voluminosos con usuarios en la Tierra. En esa hipótesis, la utilidad de la computación orbital dependería tanto de la tarea como de la conexión disponible.