Un estudio difundido el 5 de octubre de 2026 relaciona una abundancia inusual de niobio y una señal periódica de brillo con un posible planeta alrededor de HS 0209+0832. Esta enana blanca —el remanente compacto y caliente que queda cuando una estrella evoluciona— podría estar incorporando material de un gigante gaseoso de segunda generación. El planeta es un candidato.
El niobio que pasó años sin identificar
En 1999, el telescopio espacial Hubble registró el espectro ultravioleta de HS 0209+0832. Cerca de un centenar de rasgos espectrales quedaron entonces sin identificar. Al reanalizar esos datos, el equipo reconoció niobio y cobre entre las señales.
El niobio destaca por su abundancia: la cantidad medida en el material que cae sobre la enana blanca supera en más de mil veces la abundancia solar. El análisis identificó cinco líneas de Nb III y 57 de Nb IV, dos estados de ionización del elemento. Los datos de FUSE, otro observatorio espacial de ultravioleta, también contienen señales de niobio.
El patrón químico incluye elementos más pesados que el hierro asociados al proceso s, la captura lenta de neutrones que ocurre en estrellas evolucionadas. A la vez, el material presenta muy poco silicio y no muestra hierro detectable, una composición distinta de la habitual en la materia rocosa del Sistema Solar. Esa mezcla encaja con la idea de que parte del material fue procesado y expulsado por una estrella al final de su evolución.
Qué aportan Hubble, FUSE y TESS
Hubble y FUSE aportan las pistas químicas; TESS, el cambio de brillo. Al combinar sus observaciones, TESS registró una señal con un periodo de 4,399 ± 0,026 días y una amplitud de 0,120 % ± 0,018 %. Sus observaciones de HS 0209+0832 abarcaron periodos de 2021 y 2023.
La periodicidad es compatible con un planeta gigante cercano, a unos 0,04 unidades astronómicas de la enana blanca —aproximadamente seis millones de kilómetros—. El equipo estima que sería de tamaño parecido a Júpiter, pero esas características se infieren de los datos: no son mediciones directas del planeta.
Cómo podría formarse un planeta de segunda generación
Un planeta de segunda generación se formaría con material expulsado durante la evolución de su estrella progenitora, en lugar de hacerlo a partir del disco de gas y polvo que acompañó el nacimiento de la estrella. En el escenario propuesto para HS 0209+0832, parte de los restos enriquecidos en carbono y elementos del proceso s habría creado un disco alrededor de la enana blanca y, después, un planeta.
El equipo también plantea que la radiación de la enana blanca podría estar arrancando la atmósfera del posible gigante gaseoso. Tanto esa pérdida atmosférica como la secuencia de formación son interpretaciones del sistema, no observaciones directas de un planeta en formación.
La señal periódica admite más de una explicación
La variación de TESS no apunta a un único mecanismo. Podría reflejar cambios térmicos entre los lados diurno y nocturno de un planeta, o deberse al paso de una cola de material planetario que se evapora. La química inusual y la señal de brillo se complementan en la interpretación del equipo, mientras que el propio cambio periódico puede tener más de una explicación.