El 15 y el 16 de septiembre de 2026, la propuesta de Dario Amodei para introducir evaluadores externos en los laboratorios de IA abrió un nuevo frente: ¿puede METR ejercer como supervisor independiente cuando mantiene vínculos personales, institucionales y filantrópicos con redes relacionadas con Anthropic? METR sostiene que no acepta financiación de empresas de IA ni de sus empleados y que sus financiadores no deciden sus proyectos. La disputa documenta una cuestión de independencia percibida, pero no una conclusión definitiva sobre una evaluación concreta.
Por qué la independencia de METR se convirtió en un problema
La propuesta de Amodei colocó a METR en el centro de una discusión que hasta entonces podía parecer puramente técnica. El CEO de Anthropic planteó que las empresas de IA de frontera incorporasen evaluadores externos con acceso similar al de sus empleados. Esos equipos revisarían prácticas y compromisos de seguridad, incidentes, modelos, procesos de entrenamiento y otras operaciones internas.
METR es una organización sin ánimo de lucro dedicada a la evaluación de sistemas de IA. Su nombre aparece asociado a ARC Evals, una iniciativa que se separó del Alignment Research Center y adoptó la denominación METR en 2023, según la relación publicada sobre su trayectoria.
El problema para sus críticos no es únicamente quién paga una factura. También importa quién ha trabajado con quién, qué instituciones comparten redes y qué donantes respaldan organizaciones cercanas al ecosistema de seguridad de la IA. En este caso aparecen conexiones con Effective Altruism, una red filosófica y filantrópica vinculada a varios de los protagonistas.
Qué propuso Dario Amodei para vigilar a los laboratorios de IA
Amodei propuso evaluadores externos integrados en los laboratorios, con un nivel de acceso similar al de los empleados. Su cometido abarcaría las salvaguardas de los modelos, la notificación de incidentes, la alineación —el intento de mantener el comportamiento de un sistema dentro de objetivos y límites humanos—, los procesos de entrenamiento y otros procedimientos internos.
La idea pretende que la supervisión no dependa solo de informes preparados por las propias compañías. Los evaluadores tendrían que observar cómo se desarrollan y prueban los sistemas, y comunicar información relevante sobre su funcionamiento y sus riesgos.
Sam Altman respaldó públicamente la idea general de contar con evaluadores independientes con acceso similar al de los empleados. Su apoyo se refirió a ese modelo de supervisión; no identificó a METR de forma específica.
Los vínculos documentados entre METR, ARC y sus redes de financiación
La conexión personal más destacada pasa por Paul Christiano. Christiano y Amodei trabajaron juntos en OpenAI durante la década de 2010, fueron descritos como compañeros de casa y colaboradores de investigación, y Christiano formó parte de los primeros cinco administradores del Long-Term Benefit Trust de Anthropic. Christiano también está asociado al Alignment Research Center, el entorno del que surgió METR.
La relación financiera incluye varias organizaciones filantrópicas. Coefficient Giving habría donado 1.515.000 dólares al Alignment Research Center en 2022. METR afirma que ese dinero quedó aislado y no se utilizó para sus operaciones. Por su parte, el Survival and Flourishing Fund habría reservado hasta 752.000 dólares para METR desde su fundación: 324.000 dólares en efectivo general y una promesa de aportación equivalente de 428.000 dólares.
METR anunció el 14 de agosto de 2026 unos 71 millones de dólares en compromisos de financiación reunidos durante los seis meses anteriores. Esa cifra corresponde al conjunto de compromisos anunciado por la organización y no identifica por sí sola una aportación directa de Anthropic.
Dustin Moskovitz, asociado a Coefficient Giving, y Jaan Tallinn, relacionado con el Survival and Flourishing Fund, aparecen descritos como inversores de Anthropic. Esa conexión entre inversores y entidades filantrópicas es el núcleo de las críticas, pero no convierte automáticamente a Anthropic en financiador directo de METR.
La respuesta de METR y lo que sí puede afirmarse
METR afirma que no acepta financiación de empresas de IA ni de sus empleados, que no recibe compensación de laboratorios de IA y que sus financiadores no tienen autoridad sobre sus proyectos. La organización también sostiene que su objetivo es sacar al dominio público información procedente del interior de las compañías mediante investigadores externos.
Esa respuesta separa dos asuntos que a menudo aparecen mezclados: la financiación directa de un laboratorio y la existencia de redes compartidas entre inversores, donantes, investigadores e instituciones. METR niega la primera y defiende que sus proyectos no están bajo el control de sus financiadores; sus críticos consideran que la segunda puede afectar, al menos, a la percepción pública de independencia.
David Sacks y Perry Metzger cuestionaron públicamente que METR pueda presentarse como independiente mientras mantiene conexiones con inversores y personal relacionados con Anthropic. Sus intervenciones son críticas políticas y empresariales, no conclusiones de un regulador o de un tribunal.
La pregunta real: cómo se controla al evaluador
La financiación es solo una parte del problema. Para que el modelo de Amodei resulte creíble, también importan el acceso real de los evaluadores, la capacidad de publicar hallazgos desfavorables y la gestión de los conflictos personales o institucionales.
En el caso de METR, las posiciones enfrentadas quedan así:
- Anthropic propone evaluadores externos con acceso similar al de los empleados para examinar sistemas y procesos internos.
- METR afirma que no recibe dinero de empresas de IA ni de sus empleados y que sus financiadores no deciden sus proyectos.
- Los críticos señalan que los vínculos entre donantes, investigadores, instituciones e inversores pueden debilitar la independencia percibida.
- La donación a ARC de 2022, según METR, quedó aislada de las operaciones de METR.
El caso no reduce la seguridad de la IA a una cuestión de simpatías. Plantea una pregunta mucho más concreta: quién puede revisar a los laboratorios, con qué acceso, bajo qué reglas de conflicto de intereses y con qué libertad para publicar resultados incómodos.