En 1968 debutaron los Hot Wheels, se estrenó 2001: A Space Odyssey, se firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear y se rodó La Noche de los Muertos Vivientes. Pero además, ese año reunió a más de 800 científicos en el Hilton Midtown de Manhattan para predecir cómo sería el mundo en los siguientes 50 años. El resultado fue un libro llamado «Toward the Year 2018». Con 2018 ya en los calendarios, la web se propuso repasar el texto para comprobar en qué acertaron.
Imaginar a un grupo de expertos reunidos en mayo de 1968 para discutir el futuro no parece complicado. La reunión, organizada por la Foreign Policy Association con motivo de su 50 aniversario, no fue fácil. Martin Luther King había sido asesinado semanas antes, el activismo estaba en un punto álgido y casi todos estaban bajo vigilancia por sospechas de simpatía comunista. A pesar de ello, los expertos hicieron sus predicciones, que quedaron recogidas y editadas en el libro «Toward the Year 2018».
Aciertos y errores
El libro no deja piedra sin voltear. Entre los errores más evidentes se cuentan la idea de que los reactores reproductores dominarían la energía (cosa que nunca sucedió), la capacidad de lanzar huracanes como munición contra flotas enemigas y la eliminación de los relámpagos a finales de los años 80. Pero cada equivocación parece acompañada de aciertos inquietantes. El meteorólogo Thomas Malone —el mismo que quería hacer desaparecer los relámpagos— sugirió una modificación climática a gran escala provocada por el aumento del dióxido de carbono. En otras palabras, anticipó el cambio climático y el calentamiento global.
Otro ejemplo es el geofísico Gordon F. MacDonald, que descartó la exploración interplanetaria tripulada, anunció «el fin de la utilidad política» del programa Apolo y mostró un interés mucho más profundo por la tecnología satelital, con el objetivo de transmitir información a todo el mundo, impulsar la televisión y estudiar el clima.
A estas predicciones se suman las redes masivas de fibra óptica, el acceso mediante dispositivos móviles y la pérdida de privacidad. El experto en ciencias sociales Ithiel de Sola Pool describió el potencial manipulador de la información almacenada en ordenadores, y Anthony Oettinger imaginó un «Memex gigante» —concepto que hoy forma parte del ADN de la Web— al que los gobiernos tendrían problemas para adaptarse. Aún así, las predicciones no quedaron libres de críticas. El activista Arthur Waskow fue lapidario: esa gente imaginaba el futuro, pero lo hacía de manera que ellos siguieran a cargo en ese futuro, moldeado según los parámetros corporativos y capitalistas de los años 60 y 70.
Fuente: The New Yorker