El 1 de octubre de 2026 se conocieron nuevos detalles sobre el fracaso del rescate del observatorio Neil Gehrels Swift: la nave Link perdió capacidad de control y agotó el propelente que necesitaba para capturarlo y elevar su órbita. Lanzada el 3 de julio, no logró ninguna de esas dos tareas. NASA y Katalyst Space Technologies valoran la experiencia obtenida para futuras misiones de servicio en órbita, pero el intento no salvó Swift.
Los fallos de control dejaron a Link sin margen para el rescate
Kieran Wilson, investigador principal de la misión Link en Katalyst Space Technologies, atribuyó el primer problema a la electrónica que controlaba las ruedas de reacción. Un transistor se cortocircuitó y se sobrecalentó en un circuito de frenado regenerativo desarrollado por Katalyst; las ruedas de reacción, en cambio, las suministró Rocket Lab. Katalyst afirmó que un fallo eléctrico dejó inutilizables dos de las tres ruedas.
Wilson explicó que, después de varios cambios de software y de las operaciones de la nave, otro episodio comenzó con una válvula del sistema de control de reacción (RCS, por sus siglas en inglés) que no respondió y provocó que Link empezara a girar. El RCS usa propulsores para orientar la nave. Katalyst indicó que recurrir a ellos para controlar la actitud de Link aceleró el consumo de propelente. Al final, no quedaba suficiente para la captura prevista y la elevación orbital de Swift.
Link llegó a realizar maniobras orbitales y pruebas de navegación pese a haber perdido dos ruedas de reacción. La misión terminó sin que capturara Swift. Katalyst informó que Link operó en órbita durante 85 días y reentró en la atmósfera terrestre el 25 de septiembre de 2026.
Un rescate preparado en nueve meses
NASA encargó a Katalyst el desarrollo de Link con un plazo de nueve meses hasta el lanzamiento y un contrato de 30 millones de dólares. En agosto de 2025, la agencia pidió estudios de 30 días a tres equipos; en septiembre eligió a Katalyst. Shawn Domagal-Goldman, director de la división de astrofísica de NASA, explicó que el calendario y el recurso a equipos que ya tenían contratos con la agencia limitaron la amplitud de las propuestas consideradas.
El plazo también apretó el trabajo de ingeniería. Wilson dijo que el equipo tuvo que desarrollar internamente buena parte del sistema eléctrico y que sus ingenieros acabaron repartidos entre demasiadas tareas. Aunque realizaron pruebas, explicó, no tuvieron tiempo ni personal suficientes para probar ese sistema con todo el cuidado que habría requerido; las pruebas no reprodujeron un fallo como el que apareció en órbita.
La compra de componentes añadió presión financiera. John Van Eepoel, director de la misión Swift, contó que NASA adelantó pagos para que el equipo pudiera adquirir material antes de un posible cierre del Gobierno federal. La experiencia dejó al descubierto cuánto dependen los plazos acelerados de contar con fondos y capacidad de compra desde el comienzo.
El equipo de Swift ganó meses reduciendo el arrastre
Swift, lanzado en 2004, no tenía propulsión propia para elevar su órbita. El aumento de la actividad solar incrementó el arrastre atmosférico en su altitud y aceleró su descenso. Antes del intento de rescate, el equipo de operaciones reorientó el observatorio para reducir la resistencia de la atmósfera. La maniobra obligó a suspender las observaciones científicas durante ese periodo, pero el equipo calculó que prolongó varios meses la permanencia de Swift en órbita.
NASA busca cómo mantener las capacidades de Swift
NASA considera que los datos de vuelo y la experiencia operativa de Link pueden servir para futuras misiones de servicio de satélites. Katalyst también prevé aprovechar lo aprendido en sus siguientes misiones. John Van Eepoel dijo que NASA estudia otras plataformas astrofísicas que podrían necesitar ayuda y busca formas de sustituir las capacidades científicas de Swift.