Los memes podrán ser muy originales y divertidos, pero al final del día no son otra cosa más que variantes de las clásicas bromas de oficina que aparecían (y aún aparecen) reproducidas y pegadas en las paredes. Obviamente, algunas eran más graciosas que otras, y nunca faltaban aquellas expresiones cargadas con cierto toque crítico a la política de turno, pero una cosa es segura: Esas fotocopiadoras echaban fuego.
Los memes más exitosos suelen combinar material utilizado completamente fuera de su contexto original (la reacción de Neil deGrasse Tyson es un buen ejemplo de ello) o encajar piezas de modo tal que su sutileza es increíble, pero la esencia del meme precede a Internet y los ordenadores. Antes, para viralizar una broma se necesitaba algo tan simple como una hoja de papel y acceso a una fotocopiadora.
Algunos de los ejemplos que verán a continuación (acompañados por muy humildes traducciones) ya cargan con varios años sobre los hombros. El ocasional error técnico y el desdén por la burocracia y lo estatal están allí, pero muchas cosas cambian con el paso del tiempo, y el humor no es la excepción.