A comienzos de los años ochenta, la industria informática evolucionaba a un ritmo vertiginoso. Empresas que parecían destinadas a dominarlo todo eran reemplazadas por nuevos nombres con productos revolucionarios, y el ciclo volvía a repetirse. Pero hubo un proyecto que logró consolidarse de forma definitiva, hasta tal punto que todavía hoy forma parte de nuestros ordenadores. Me refiero, por supuesto, a Microsoft Windows, y en esta entrega de Retrosoftware vamos a repasar su versión 1.0.
La historia se remonta al 16 de diciembre de 1983, cuando VisiCorp lanzó al mercado Visi On, una interfaz gráfica para ordenadores IBM PC y compatibles con MS-DOS. La prensa la recibió con entusiasmo, pero los usuarios finales la rechazaron por su alto coste (495 dólares más 250 por un ratón) y por sus exigentes requisitos de hardware. Se calcula que adquirir todo el conjunto costaba unos 7.500 dólares, más de 20.000 ajustados a la inflación. Como comparación, el Macintosh de Apple salió en enero de 1984 a 2.495 dólares.
Visi On ocupa un lugar en esta historia porque, según se dice, fue lo que convenció a Bill Gates durante su demo en COMDEX 1982 de que Microsoft debía crear su propio entorno gráfico. La primera presentación pública de Windows tuvo lugar en noviembre de 1983, con una fecha de lanzamiento prevista para abril de 1984. Sin embargo, los continuos cambios de diseño retrasaron la llegada de Windows 1.0 hasta noviembre de 1985, convirtiéndolo en uno de los primeros grandes ejemplos de vaporware.
Windows 1.0: Nadie acierta la primera vez
Cuando por fin apareció, la prensa especializada tardó poco en darse cuenta de que Windows 1.0 (técnicamente 1.01) llegaba a medio cocinar. No fue hasta la versión 1.02, en mayo de 1986, cuando se añadió soporte para teclados europeos, más opciones de vídeo y controladores adicionales para impresoras. Tres meses después llegó la 1.03, bastante más consistente, pero elevó el mínimo de RAM hasta los 320 kilobytes, un detalle importante teniendo en cuenta su precio.
A pesar de todo, no fue suficiente. El New York Times describió el funcionamiento de Windows 1.0 en un IBM PC con 512 KB de RAM como «verter melaza en el Ártico», y eso sin mencionar la limitada cantidad de software dedicado, ciertos problemas de compatibilidad con programas de MS-DOS y la falta de tutoriales avanzados. En sus primeros dos años, Windows 1.0 vendió apenas medio millón de copias.
Si estás pensando en ejecutar Windows 1.0 en tu ordenador retro o en un entorno virtual, debes tener en cuenta algunos detalles. En primer lugar, su «Setup» solo reconoce la unidad A como origen, por lo que tendrás que manipular imágenes de disco, crear disquetes de instalación o usar algo como el comando SUBST para engañarlo.
La segunda restricción es que necesitas cargar SETVER para el archivo WIN100.BIN con un valor máximo de 3.34, forzar la identificación de MS-DOS a 3.3 (algo sencillo en DOSBox), o simplemente usar esa versión. Además, Windows 1.0 no soporta ratones PS/2, a menos que consigas una edición OEM especial de IBM de mayo de 1987 o transfieras el archivo mouse.drv de Windows 2.03 a su carpeta.
El resto es cuestión de explorar sus aplicaciones. El «MS-DOS Executive» actúa como punto de partida, y todas las opciones integradas están a un par de clics de distancia: Calendario, Cardfile, Write, Paint (no Paintbrush, eso llega después), Bloc de Notas, Calculadora, Visor del Portapapeles, Reloj, Terminal, una copia de Reversi y el Panel de Control. Windows 1.0 no permite superponer ventanas; la única forma de ver varias a la vez es en modo mosaico. Cuando minimizas un programa, su icono va a la parte inferior de la pantalla, una especie de barra de tareas ancestral.
«¿Y si lo quiero en Windows?»
Buen chiste, ¿no?
Windows 1.0 fue sin duda un «fracaso», pero la decisión de continuar con su desarrollo se convirtió en un gran acierto para Microsoft (después de todo, había apostado su futuro al concepto Windows). En menos de cinco años, Windows 3.0 llegó a las estanterías, y aquellas pálidas 500.000 copias de la versión 1.0 pasaron a ser diez millones. A partir de ahí, Windows se convirtió en sinónimo de éxito, algo confirmado por las tres millones de copias que Windows 3.1 vendió en menos de noventa días… pero esa, es otra historia.