Binge Watching: Por qué ver tantos capítulos de serie en continuado es malo para tu cerebro

No solo la mente: El cuerpo lo siente también

Desde cierto punto de vista, Netflix es como una partida en el Civilization: Siempre hay lugar para uno más, sea turno o episodio. Al quebrar la tiranía de la espera semanal, millones de personas se rinden frente a la pantalla con el objetivo de «ponerse al día», devorando temporadas enteras en cuestión de horas. Sin embargo, es cada vez mayor la cantidad de estudios que sugieren la existencia de efectos negativos vinculados al llamado «binge watching». La buena noticia es que dichos efectos pueden ser minimizados, pero los fans de las series no se ven muy intimidados que digamos…

Los traductores en línea suelen procesar a «binge» como «borrachera», pero en su definición completa se extiende a cualquier actividad practicada en exceso, y ahí es cuando la Real Academia sugiere «atracón». Más allá de estas pequeñas diferencias, cuando escuchamos la frase binge watching sabemos exactamente de qué se trata: Nos recomiendan una serie, Netflix ofrece todas sus temporadas sin comerciales, y le entregamos el fin de semana entero. Llegamos al lunes, y en vez de describir nuestro descanso hacemos un repaso en fast forward de una serie a la que alguien «normal» vería en varias semanas. Es la nueva forma de consumir vídeo, y nada va a cambiar en el corto plazo. Cuando digo «nada» también me refiero a clásicas advertencias. ¿Cuántas veces nos dijeron que pasar mucho tiempo frente al televisor nos iba a hacer mal? Lo que en un momento era una frase insoportable de nuestros familiares, ahora parece tener cierto fundamento científico…

Comencemos con algo perturbador: En la década del ‘60, un atracón de series podría haber sido potencialmente letal. General Electric dejó salir al mercado unidades defectuosas que emitían rayos X miles de veces más intensos de lo recomendado, estableciendo el famoso «no te sientes demasiado cerca de la pantalla» que escuchamos incluso hoy. GE retiró todos los televisores afectados, y no se reportaron casos de personas enfermas. Regresando a la actualidad, los primeros en sentir el impacto son nuestros ojos, por el simple hecho de que parpadeamos menos, cuando el promedio es de 18 veces por minuto. En el caso de los niños, una exposición prolongada a la TV puede llevar a problemas generales de desarrollo, y a la presencia de miopía, aunque esto último sigue en debate. Por supuesto, el punto crítico de ver televisión es el sedentarismo, al que se suman obesidad, y riesgo de diabetes. De hecho, mirar menos televisión quema más calorías, aún si la actividad física no cambia.

Otro aspecto no recomendado es ver televisión antes de dormir. En el pasado hemos explorado los efectos de la luz azul sobre la calidad del sueño, y las pantallas modernas no escapan a esto. Aún peor, mirar más de 20 horas de TV por semana afecta a «otras» actividades en la habitación, reduciendo el conteo de esperma en más del 40 por ciento. Finalmente, llegamos a la parte más oscura: Demasiado tiempo frente a la pantalla nos está matando. Un estudio australiano publicado en 2011 indica que pasados los 25 años, cada hora de TV nos resta 22 minutos de vida. Por suerte, todo esto puede ser compensado con un poco de actividad física extra y limitar las sesiones de TV a dos o tres horas diarias… pero imagino a varios fans allá afuera pensando que los estudios, los investigadores y yo mismo nos debemos ir bien a la $%%/%$”$”#…

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