Cuarto de reverberación vs. Cámara anecoica: El sonido de un globo al reventar

Un ejemplo contundente sobre la influencia de los espacios en la acústica

En más de una oportunidad hemos visto el desarrollo de gigantescas flame wars enfocadas en ciertos equipos de audio, altavoces, cables y formatos de compresión, pero la mayoría de sus participantes suelen olvidar dos cosas: Que nuestros oídos empeoran con el paso de los años, y que el entorno puede modificar en gran medida la calidad final. Quien necesite una prueba sólida de ello la encontrará en el vídeo que está más abajo, el cual expone la diferencia entre reventar un globo en un cuarto de reverberación, y repetir el mismo proceso dentro de una cámara anecoica.

Un atajo común para preservar la calidad del audio y al mismo tiempo rodear cualquier limitación física es utilizar auriculares. Eso es lo que hecho en los últimos años: Mi «cueva personal» tiene tan poco espacio que casi debo entrar en ella como una ficha de Tetris (?), y la idea de instalar altavoces con especificaciones decentes queda descartada desde el comienzo. ¿Por qué? La respuesta nos obliga (en parte) a explorar el fenómeno de la reverberación. Su definición básica la describe como una permanencia del sonido después de que la fuente ha interrumpido su emisión, causada por la reflexión. El eco no es más que una interpretación clara de dicha reflexión, pero si su efecto es una modificación del sonido original a través de múltiples reflejos en diferentes superficies, debemos hablar de reverberación.

El físico estadounidense Wallace Clement Sabine, considerado el padre de la acústica arquitectónica moderna, llegó a la conclusión de que el tiempo de reverberación (tiempo que le toma a los reflejos de un sonido directo decaer en 60 decibelios) es proporcional a las dimensiones de una habitación, e inversamente proporcional a la cantidad de absorción. Una buena demostración está en el primer vídeo que acabo de compartir. La primera parte nos enseña que el globo revienta y su sonido permanece por varios segundos después de la explosión, pero sucede exactamente lo contrario en la segunda prueba. Las cámaras anecoicas son en esencia anti-reverberación, absorbiendo un muy alto porcentaje de la reflexión (por arriba del 95 por ciento). ¿Quieres algo un poco más elaborado que un globo? En ese caso, aquí tienes un saxofón:

¿Cómo logran eso? Con la ayuda de superficies poco amigables para la reflexión del sonido, que además buscan dispersar cuando la absorción no es posible. Otro aspecto muy interesante de las cámaras anecoicas es que no están limitadas por el tamaño. Algunas son tan grandes como un refrigerador, mientras que otras ocupan hangares enteros.

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