El año era 1993. Bill Clinton estaba en la Casa Blanca, Super Mario Bros. llegaba a los cines, Windows NT 3.1 debutaba en el mercado y el proyecto Debian se anunciaba al público. Todavía contábamos los bytes bajo MS-DOS y la NES dominaba el mundo de las consolas. En ese entonces, un joven conocido únicamente por su usuario de YouTube «Triggeron» (y que probablemente ya debe tener mi edad) experimentó con un prototipo de realidad virtual que combinaba un casco, un guante y un Sony Watchman como pantalla principal.
Las primeras referencias a la realidad virtual se remontan a la década de 1930, pero su vinculación con los ordenadores comenzó en los años 60. Se cuenta que Atari creó un laboratorio dedicado a la investigación de la realidad virtual en 1982, y que sus ex empleados fundaron VPL Research dos años después. Entre las creaciones de VPL se encontraban el Data Glove (dispositivo de entrada con forma de guante), el EyePhone (casco virtual) y el Data Suit (un traje especial repleto de sensores).
Una de las mayores exposiciones mediáticas de la realidad virtual fue la película The Lawnmower Man de 1992. Sin embargo, la idea de tener esa tecnología en casa aún estaba a varios años de distancia, a menos que alguien fabricara su propia solución.
Realidad virtual en casa, 1993
Eso es exactamente lo que hizo el usuario «Triggeron» de YouTube en 1993. Su sistema se basaba en una consola NES, con un Sony Watchman como pantalla principal, una lente de Fresnel, tres altavoces para simular un sonido pseudo-surround y un guante de jardinería con interruptores extraídos de una videocasetera que funcionaban como sensores. Una serie de cables y gestos precisos activaban los interruptores, enviando los comandos necesarios a cada juego. Por cuestiones lógicas (o mejor dicho, limitaciones técnicas de la época) no podemos ver el casco en acción, pero la teoría detrás del diseño era bastante buena.
Claro, el propio Triggeron admite que la experiencia final fue muy inferior a la esperada. Básicamente, la construcción del casco era una excusa para sentir que vivía en el futuro. El punto débil más crítico era la lente de Fresnel, que provocaba mareos, dolores de cabeza y, como si fuera poco, un par de meses después necesitó gafas.