Al consumir un producto con la etiqueta «sabor a...», es habitual preguntarse qué sustancia es la responsable de ese gusto. En el caso de la vainilla, el compuesto más conocido es la vanilina o vainillina, pero hubo una época en la que se recurría a otro ingrediente: el castóreo. Se trata de una secreción que los castores producen en unos sacos situados entre la pelvis y la base de su cola. Lo usan mezclado con orina para marcar su territorio, aunque también se ha aprovechado como saborizante natural durante mucho tiempo, sin más inconvenientes que su extraño origen.

Castóreo: El «sabor a vainilla» de la secreción de los castores
Castóreo

La alimentación es un tema delicado en la actualidad. Por un lado, debatimos sobre el impacto de la agricultura y la ganadería en el medio ambiente; por otro, cuestionamos los métodos de producción, incluidos los colorantes, conservantes y saborizantes. Solemos asumir que lo natural siempre es mejor, pero lo cierto es que hay mucha desinformación y detalles que permanecen ocultos.

Siempre hay algo nuevo que aprender, y uno de los casos más llamativos tiene que ver con la vainilla, o mejor dicho, con su sabor. El extracto de vainilla natural no es fácil de obtener, y la industria alimentaria está dominada por su variante artificial. Sin embargo, existe una alternativa que se ha usado durante más de un siglo: el castóreo. Como su nombre indica, proviene de los castores, y el «problema» es precisamente su ubicación exacta.

Castóreo: El «sabor a vainilla» de la secreción de los castores

Esta secreción, de consistencia similar a la melaza y con un color que combina tonos amarillos y marrones, se produce en sacos situados entre la pelvis y la base de la cola. Algunas fuentes denominan a esos sacos «glándulas» y los asocian con el ano del castor, pero eso no sería técnicamente correcto, ya que el animal también posee dos glándulas anales además de esos sacos. Estas características físicas están presentes tanto en machos como en hembras, y el principal uso de la sustancia es marcar territorio, en combinación con la orina.

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Aplicaciones del castóreo

Fuera del ámbito animal, el castóreo se ha empleado ampliamente en perfumería. Tiene un cierto «toque» que evoca al cuero, muy apreciado en aromas de supuesto origen oriental o dirigidos a un público masculino. También se utilizó en la medicina antigua para tratar histeria, fiebres y dolores de cabeza. En la Edad Media se aplicó para optimizar la producción de miel, e incluso se consideró la posibilidad de añadirlo a la fabricación de cigarros para mejorar su olor y sabor.

Regulación y consumo

Independientemente de las sensaciones que pueda provocar su peculiar origen, la FDA estadounidense declara al extracto de castóreo «GRAS» o «generalmente considerado como seguro» para su consumo. No se han registrado casos de toxicidad por vía oral o dérmica, y tampoco produce irritabilidad. Ahora bien, ¿cuánto castóreo se consume? A decir verdad, casi nada. Según datos de 2005, se usan 113 kilogramos anuales, mientras que la vainillina supera las 1.200 toneladas.

Fuente: NatGeo