La silla eléctrica es uno de los inventos más macabros de la tecnología. Su historia está repleta de curiosidades y, a pesar de su atroz finalidad, se ha utilizado sin descanso durante más de 130 años para ejecutar a seres humanos. Fue ideada por Harold P. Brown, un empleado de Thomas Edison, y su primera víctima humana fue William Kemmler. Antes de eso, el artefacto se probó con animales, incluido un elefante de circo llamado Topsy.
La silla eléctrica es una máquina de matar. Inventada en Estados Unidos hace más de 130 años, aún se utiliza en algunos estados como método alternativo de ejecución. Hizo su debut a finales del siglo XIX, el 26 de agosto, cuando William Kemmler, que había asesinado a su amante Tillie Ziegler con un hacha, se sentó en ella esperando que más de 2000 voltios lo mataran de forma rápida e indolora. Lamentablemente, como veremos, la silla no cumple esas promesas.
Una historia electrizante
El origen de este nefasto artefacto se remonta a un comité que se reunió en Nueva York a finales del siglo XIX para buscar un método de ejecución más humano que la horca. Brown diseñó un sistema que empleaba corriente alterna, que circulaba a través del cuerpo del condenado mediante un par de electrodos, ubicados en la cabeza y en una de las extremidades, para asegurar que el flujo eléctrico circulara sin problemas y causara una muerte rápida, limpia y sin dolor.
La elección de la corriente alterna no fue casualidad. En esa época, Edison libraba una batalla de ideas contra Nikola Tesla. Mientras Tesla aseguraba que la corriente alterna era la mejor opción para distribuir la electricidad a todos los hogares, algo que la historia confirmaría más tarde, Edison insistía en usar corriente continua. Lógicamente, Edison no quería que se eligiese su sistema eléctrico, porque temía que los consumidores no quisieran tener en sus casas el mismo tipo de corriente que servía para matar seres humanos.
Algunos historiadores dejan completamente fuera del desarrollo de este invento a Edison, mientras que otros, en el extremo opuesto, afirman que el famoso inventor utilizó a Brown para no perjudicar su imagen. La verdad debe encontrarse en un punto intermedio, ya que, aunque no la haya inventado, es difícil que Edison no estuviera al tanto y colaborara con su empleado.
Para demostrar que la corriente alterna era más eficaz a la hora de matar, Brown experimentó con varios animales. Como no sabía si el sistema era compatible con cualquier tipo o tamaño de ser vivo, incluyó una gran variedad de cobayos y un elefante de circo llamado Topsy. A menudo invitaba a la prensa a presenciar sus ensayos. Todos estos experimentos se realizaron en el laboratorio de Edison, principalmente en esa época. Finalmente, la silla eléctrica de corriente alterna fue aprobada por el comité poco después. Al año siguiente, Kemmler tendría el dudoso honor de ser el primer humano ejecutado en ella.
Los abogados de Kemmler apelaron, argumentando que la electrocución era un castigo cruel e insólito. George Westinghouse, partidario declarado del uso de la corriente alterna, apoyó su petición. Sin embargo, la petición fracasó, en parte debido al apoyo de Thomas Edison. La ejecución se llevó a cabo en la Prisión Auburn, en Nueva York, el 26 de agosto.
El Primer Electricista Estatal, Edwin Davis, revisó las conexiones de la silla. Luego, Kemmler fue atado en ella. La ejecución fue un espanto. La primera tentativa fracasó, y Kemmler saltó como loco durante los 17 segundos que duró el intento. Al final de ese plazo seguía vivo y gimiendo de dolor. Se aumentó el voltaje a 2000 voltios, pero como el generador necesitaba un tiempo para volver a funcionar, Kemmler, con buena parte de su cuerpo quemado, tuvo que esperar sentado. El segundo intento duró más de un minuto, y la escena fue descrita por los presentes como espantosa. El olor a carne quemada era insoportable, y salía humo de su cabeza. Finalmente, murió. Más tarde, Westinghouse comentó con ironía: "Mejor hubieran usado un hacha."
¿Cómo funciona la silla eléctrica?
En realidad, el funcionamiento de la silla eléctrica es bastante fácil de explicar. El condenado se ata a una silla hecha de material aislante, y se le coloca un electrodo en la cabeza y otro en una de sus piernas. Cuando todo está dispuesto, se aplican dos choques eléctricos a lo largo de varios minutos, ya que el tiempo exacto de la ejecución varía de una persona a otra.
La tensión inicial es de aproximadamente 2000 voltios y sirve para romper la resistencia de la piel y, con un poco de suerte, causar la inconsciencia. Luego, se baja el voltaje hasta unos 440 voltios para evitar que el prisionero se queme literalmente. Se utiliza un flujo de corriente de unos 8 amperes, y el cuerpo del condenado alcanza temperaturas del orden de los 60 °C. Como es de imaginar, la muerte llega por el daño que provoca el flujo de la corriente eléctrica en los órganos internos.
La teoría dice que la inconsciencia debe producirse en una fracción de segundo. Sin embargo, no son pocos los desafortunados cuyos pelos y piel han comenzado a arder mientras siguen conscientes y se agitan como locos. En un caso, el transformador encargado de suministrar la corriente se quemó, y el reo tuvo que aguardar, gritando de dolor, en el suelo del cuarto de ejecución mientras los técnicos lo reparaban.
En 1946, la silla eléctrica no fue capaz de matar a un condenado llamado Willie Francis, quien gritaba "¡Paren! ¡Déjenme respirar!" mientras era electrocutado. El motivo del fallo fue que un ayudante ebrio había instalado mal la silla. El caso fue llevado a la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, ya que los abogados del condenado argumentaban que su cliente “fue ejecutado tal como lo ordenaba la sentencia judicial: no murió pero igual se cumplió la sentencia”. El argumento fue rechazado y Francis, con un susto de muerte, volvió a la silla eléctrica al año siguiente. Esta vez la silla hizo su trabajo y el reo murió como estaba previsto.
La silla eléctrica ha caído en desuso. Y no es para menos: aun en aquellos casos en que la ejecución se lleva a cabo correctamente, siempre se quema algo de piel y es desagradable para los guardias tener que separar la piel quemada de los cinturones de la silla. El reo, por lo general, pierde el control de sus músculos después del primer choque eléctrico y puede llegar a defecar u orinar. Nada de esto proporciona una buena imagen al estado, por lo que ha ido cediendo paulatinamente el lugar a la inyección letal.
La última vez que se usó la silla eléctrica fue el 21 de febrero de 2020, cuando Nicholas Sutton, de 58 años, fue electrocutado en Tennessee al preferir este método de ejecución por sobre la inyección letal. ¿No es una locura?