La dieta mesolítica en Asturias incluía una intensa recolección de recursos costeros. En dos niveles del conchero de El Mazo, datados en torno a 9.000 años calibrados antes del presente, las lapas y los caracoles marinos fueron los restos más abundantes. El estudio, publicado el 17 de febrero de 2017, también apunta a que se recogían en gran medida en costas rocosas.

Qué comían en El Mazo

En las unidades estratigráficas 114 y 115 de la cueva de El Mazo se identificaron 19 taxones: un bivalvo, nueve gasterópodos marinos, cinco gasterópodos terrestres, tres crustáceos y un equinoideo. Entre los restos, las lapas del género Patella y el caracol marino Phorcus lineatus sumaban cerca del 88 % del número mínimo de individuos (NMI), una medida que estima cuántos animales están representados por los restos hallados.

Los erizos de mar Paracentrotus lividus también aparecen en ambos niveles: representaban el 6,86 % del NMI en la unidad 114 y el 10,04 % en la 115. En conjunto, los restos muestran una marcada presencia de recursos marinos, aunque el registro regional de subsistencia también incluye presas terrestres.

La costa rocosa, parte de la despensa

Alrededor del 99 % de las conchas registradas en esas dos unidades procedía de costas rocosas. El tamaño de los ejemplares de Patella vulgata llevó a estimar que entre el 75 % y el 80 % se había recogido en la zona intermareal inferior, que queda cubierta por el mar durante la pleamar y al descubierto durante la bajamar.

La selección de especies y zonas de recolección ofrece pistas sobre cómo se aprovechaba el litoral. El estudio interpreta los datos como compatibles con periodos de recolección intensa, alternados con otros que permitirían la recuperación de los recursos; no describe un aumento constante de la presión recolectora.

Qué cuentan las conchas y qué no

Un conchero conserva restos de animales descartados y permite estudiar las especies presentes y las prácticas de recolección. No indica por sí solo qué porcentaje de la dieta de una persona procedía del mar. Para estimar las fuentes de proteína de un individuo se recurre a otro tipo de análisis, como el de isótopos en el colágeno; tampoco este reconstruye un menú completo, porque se centra en las proteínas y no registra por entero grasas e hidratos de carbono.

Así, El Mazo aporta una imagen detallada del aprovechamiento costero en un yacimiento asturiano: lapas y caracoles marinos dominan los restos de los niveles estudiados, con erizos y otros taxones también presentes. La interpretación de los cambios en la recolección apunta a estrategias variables y a posibles periodos de recuperación de los recursos.