La mayoría de la gente prefiere no pensar en la muerte (o al menos intenta no hacerlo). Otros, en cambio, le dedican toda su atención, hasta el punto de que han desarrollado dispositivos para controlar el momento y el lugar. Pero a principios del siglo XX hubo un especial interés por preservar el cuerpo después de la muerte, manteniendo a raya la descomposición y el deterioro natural. Una de las ideas más radicales consistía en guardar el cuerpo dentro de un cubo gigante de cristal, un diseño que además permitía exhibir al difunto como si fuera una estatua.
La momificación natural y el antiguo Egipto
Para entender mejor la preservación de los muertos, nuestra parada inevitable es el Antiguo Egipto. En la mayoría de los casos, los cuerpos eran enterrados en fosas, y la combinación de arena, calor y falta de humedad producía una momificación natural. Los primeros ejemplos de momificación intencional se remontan a antes de la Primera Dinastía, y con el paso de los siglos los rituales se desarrollaron enormemente, convirtiendo la preservación en un paso crítico para vivir bien «del otro lado».
No hace falta decir que la idea de preservar cuerpos no solo se mantuvo vigente, sino que se implementó tras la muerte de varios líderes (Lenin y Mao Zedong son los primeros que me vienen a la mente). Sin embargo, a principios del siglo XX se exploraron alternativas diferentes al otro lado del charco. Una de ellas era encapsular los cuerpos en cubos de cristal transparente.
La patente de Joseph Karwowski
La evidencia más sólida que tenemos es una patente del año 1903 asociada a Joseph Karwowski, un inventor ruso residente en Nueva York. La patente propone dos versiones: una con el tamaño suficiente para cubrir todo el cuerpo, y otra más compacta, enfocada en la cabeza. En esencia, el cuerpo se bañaba en silicato de sodio y luego se cubría con cristal derretido.
El silicato de sodio se utiliza normalmente para conservar alimentos, especialmente huevos, cuando no hay refrigeración disponible. Pero incluso si se lograba un sello hermético perfecto, quedaban muchas dudas sobre la integridad del cuerpo tras su exposición al silicato y al calor.
Ataúdes de cristal
El diseño de Karwowski nunca se materializó, aunque eso no impidió la creación de ataúdes tradicionales de cristal para preservar el cuerpo tras el entierro. La American Glass Casket Company fue una de las pioneras en la década de 1920. Lamentablemente no se sabe con precisión cuántos ataúdes se fabricaron, e incluso se sospechó que todo era una estafa. Sin embargo, uno de ellos se conserva intacto en el Museo Nacional de Historia Funeraria de Houston.
El problema de la descomposición
El problema era obvio: los diseñadores de estas cápsulas herméticas, ya fueran de cristal o metal, ignoraban los detalles del proceso de descomposición. En términos sencillos, los cadáveres emanan gases, y no es ninguna exageración pensar en explosiones debido a la presión acumulada. Creo que esa es suficiente información por ahora.