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El «Efecto Tamagotchi»: Cuando te encariñas demasiado con la máquina

Una relación mucho más compleja de lo que imaginamos


El Tamagotchi debutó en el mercado japonés a fines de 1996, y necesitó menos de doce meses para conquistar al mundo entero. El hecho de que cada Tamagotchi respondiera a las acciones de su dueño abrió una nueva era para el concepto de dependencia tecnológica, e incluso recibió un nombre propio bajo el «Efecto Tamagotchi». Hoy este efecto se ha expandido a otros desarrollos como robots y asistentes virtuales, y más allá de sus cambios con el paso del tiempo, está muy lejos de desaparecer…

Los primeros Tamagotchi «morían» si sus dueños no los atendían durante medio día (o menos). Hambre, felicidad, higiene y disciplina eran algunos de los factores que debían vigilar de cerca, pero eso era apenas la punta del iceberg. El Tamagotchi es un dispositivo que nace, crece, aprende y fallece (o se va, dependiendo de la edición). Estos cuatro puntos lo colocaron en una categoría completamente diferente, y cumplió con un sueño que los niños han tenido por miles de años: Ver que sus juguetes cobran vida. Sin embargo, esto también trajo una nueva serie de problemas. Por un lado, la constante atención hizo que muchos niños llevaran sus Tamagotchis a las escuelas, disparando toda clase de conflictos y prohibiciones. Y por el otro… está el «efecto Tamagotchi».

La relación entre el Tamagotchi y algunos pequeños fue muy profunda

El efecto Tamagotchi describe a un profundo apego por estas mascotas virtuales y otros productos similares, como por ejemplo los robots Furby, las muñecas Cabbage Patch Kids, y los avatares digitales. El apego se transforma en dependencia, y termina reemplazando a ciertos aspectos de la vida social, o cubriendo vacíos emocionales. Una pieza clave detrás de ese apego está en el feedback que reciben los usuarios. Es mucho más probable que el efecto se manifieste en desarrollos que respondan a las acciones de sus dueños, lo que a su vez refuerza el sentido de responsabilidad. La «pérdida» de un Tamagotchi ha sido particularmente dura para algunos usuarios, a un extremo tal que se crearon «cementerios Tamagotchi», virtuales y reales, alrededor del mundo.

Antes del reset, algunos usuarios prefirieron enterrar a sus mascotas virtuales

Los expertos aún debaten sobre los detalles positivos y negativos del efecto Tamagotchi, mientras que la industria en general ha reconocido su importancia. Optimizar la «capacidad social» de los robots y avatares es una prioridad, en especial cuando se habla cada vez más de utilizar robots en el futuro cercano para asistir a personas mayores. Como era de esperarse, el cine también exploró a su modo al efecto Tamagotchi. El ejemplo por excelencia es Her con Joaquin Phoenix (cuyo personaje se enamora de un sistema operativo), y sería una locura no mencionar la relación entre K y Joi en Blade Runner 2049.

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Escrito por Lisandro Pardo

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