El 19 de abril de 1775, las batallas de Concord y Lexington dieron inicio a la Guerra de Independencia de Estados Unidos. En esos primeros meses de caos y violencia, el inventor David Bushnell desarrolló dos ideas revolucionarias: un método efectivo para detonar pólvora bajo el agua y el Turtle, un submarino esférico de un solo tripulante construido en madera, latón, bronce y brea.
El objetivo del Turtle era atacar los barcos de la Royal Navy que ocupaban los puertos estadounidenses. Aunque la misión no tuvo éxito, hoy se le reconoce como el primer submarino activo en tiempos de guerra.
El submarino de madera
Imaginen a un hombre dentro de una cápsula gigante de madera, moviéndose bajo el agua con la intención de acercarse a un barco y colocar cargas explosivas a su lado. Sin información adicional, las primeras dos preguntas inevitablemente serían «¿Por qué una cápsula de madera?» y «¿Por qué no usa torpedos?»
La respuesta a ambas preguntas se reduce a que era el año 1776, en plena Guerra de Independencia. El piloto era el sargento Ezra Lee, y su objetivo era el HMS Eagle, un poderoso navío de línea británico con 64 cañones. El submarino llevaba el nombre de Turtle, también conocido como «la almeja» o mejor aún, «la máquina infernal».
El Turtle era un diseño del inventor David Bushnell, quien ya había dado un paso importante en el desarrollo del combate submarino al crear una especie de bomba hecha con un barril lleno de pólvora, y un sistema de detonación basado en el mecanismo de disparo de un mosquete. Entre 1775 y 1776, Bushnell sumó la asistencia del relojero Isaac Doolittle, quien se encargó de fabricar las partes más complejas del submarino.
El Turtle tenía un diámetro aproximado de 2.1 metros, y el piloto iba sentado en el medio de la esfera. La cantidad de aire disponible en el submarino le permitía respirar por un máximo de 30 minutos, y la única manera de recargar era a través de un par de tubos de bronce una vez que llegaba a la superficie. Más allá de las dificultades técnicas, el problema principal de Bushnell era financiar la construcción del Turtle. La intervención del gobernador de Connecticut Jonathan Trumbull convenció a George Washington de liberar los fondos.
Con apenas dos semanas de entrenamiento (inevitable debido a la complejidad de los controles, una pesadilla de palancas y pedales), el sargento Lee, quien sirvió como reemplazo del hermano de Bushnell (también llamado Ezra, que cayó enfermo un par de semanas antes), se arrojó a las aguas en la noche cerrada del 6 de septiembre de 1776.
La oscuridad, la velocidad de las corrientes, los controles y el hecho de haber iniciado la misión con solo 20 minutos de aire volvieron casi imposible la tarea, pero el golpe de gracia llegó cuando Lee fue incapaz de clavar la bomba en el casco de la nave, porque el taladro golpeó una placa de hierro (otras fuentes sugieren que fue una lámina de cobre, aunque eran tan delgadas como el papel en esa época).
Finalmente, el sargento interrumpió la misión y abandonó la carga a mitad de camino, esperando a que los británicos se acercaran al objeto y volaran en pedazos. Sin embargo, del lado británico dicen que el HMS Eagle jamás reportó un ataque, y que todo fue fabricado para elevar la moral del ejército revolucionario.
El destino del submarino es muy confuso: las fuentes sugieren que terminó hundido junto a su nave de transporte, que los británicos lo capturaron, o que fue destruido antes de que eso sucediera. Por suerte hoy quedan varias réplicas y esta excelente historia.