Los tardígrados son conocidos por su increíble resistencia a condiciones extremas, como el vacío del espacio, temperaturas cercanas al cero absoluto y la escasez crítica de agua y alimento. Pero un reciente estudio de las universidades de Oxford y Harvard revela que, además, serán capaces de sobrevivir a los llamados eventos de esterilización a escala global, hasta convertirse en la última forma de vida del planeta. Lo único que podría aniquilarlos por completo es la furia de nuestro Sol agonizante.
La especie humana es muy frágil. Cualquier cambio brusco de temperatura, falta de agua o alimento, enfermedad, exceso o déficit de presión o altos niveles de radiación podrían terminar nuestra historia de forma prematura. Una vieja frase dice que la necesidad es la madre de toda invención, y con cada nuevo desafío la humanidad ha encontrado la manera de adaptarse, pero hay ciertas condiciones que demandarán mucho más que una solución tecnológica. Un reciente estudio publicado en el PNAS sugiere que la llamada «sexta extinción» ya comenzó. Sin embargo, existe un animal que podría sacudirse ese evento como si fuera polvo: El tardígrado.
Sobrevivir a las catástrofes
De acuerdo con el trabajo realizado por la Universidad de Harvard y la Universidad de Oxford, los tardígrados evitarán con facilidad no solo las extinciones locales, sino también catástrofes astrofísicas como el impacto de un asteroide, una supernova o un brote de rayos gamma. La clave para destruir a los tardígrados es la desaparición absoluta de los océanos, y lo único que podría desencadenar semejante evento, dentro de unos miles de millones de años, es nuestro Sol.
Solamente se conocen dos asteroides en nuestro sistema solar, Vesta y Pallas, con la masa suficiente para evaporar toda el agua de la Tierra mediante un impacto. Una supernova debería ocurrir a menos de 0.13 años luz para lograr lo mismo (recordemos que Próxima Centauri se encuentra a 4.22 años luz de distancia), y los brotes de rayos gamma, más allá de su potencial letal, son muy raros y están demasiado lejos: se necesitaría uno a 45 años luz. En resumen, las probabilidades de que un evento catastrófico acabe con la vida en la Tierra, incluidos los tardígrados, antes de que el Sol evapore los océanos es de un millón a uno. Eso indicaría que, una vez instalada, la vida en general sería muy difícil de eliminar por completo.