¿Cómo hacen los gallos para no quedar sordos por sus propios cantos?

Una solución avanzada, y a la vez muy efectiva

El canto de un gallo es casi imposible de confundir, no sólo por la estructura de su llamado, sino también por su impresionante volumen. Las últimas mediciones sugieren un pico de 140 decibelios, un nivel de ruido similar al de un caza de combate despegando. Entonces, ¿cómo hacen para no quedar sordos con sus cantos reiterados? Un equipo de investigadores belgas analizó los cráneos de varios gallos usando tomografía computarizada, y descubrió que los gallos pueden cerrar temporalmente su conducto auditivo cuando abren el pico.

Lo hemos escuchado en películas, en dibujos animados, en noticieros dedicados a la actividad del campo, y algunas veces, en persona. El canto del gallo tiene identidad propia, pero también carga con algo más: Un volumen escalofriante. En el peor de los casos puede superar los 140 decibelios, un nivel de ruido más que suficiente para causar problemas permanentes al oído humano. Dicho eso, ¿por qué no están sordos? El canto es simplemente demasiado fuerte, y su frecuencia no hace otra cosa más que aumentar el potencial de daño. Un equipo de investigadores belgas decidió averiguarlo.

El primer paso fue equipar a tres gallos con micrófonos para obtener una medición precisa del nivel de ruido. Los cantos duraron entre 1 y 2 segundos, con dos registros ubicándose por arriba de los 130 decibelios, y el tercero cruzando la marca de los 143 decibelios, algo así como estar parado en el medio de un portaaviones en plena actividad. Luego obtuvieron imágenes de sus cráneos con un sistema de tomografía computarizada, y llegaron a la conclusión de que el gallo puede cerrar el 25 por ciento de su conducto auditivo cuando abre el pico, al mismo tiempo que un tejido blando se mueve para cubrir el 50 por ciento de su tímpano, amortiguando notablemente el impacto en sus oídos.

La situación es un poco diferente en las gallinas. Sus conductos auditivos se vuelven más angostos pero no se cierran, y su propio llamado no excede los 70 decibelios. Tampoco se quedan sordas con el canto del gallo porque el efecto dañino disminuye en gran medida con la distancia, y además existe otra ventaja: Las aves tienen la capacidad de regenerar sus células ciliadas, cosa que (por ahora) escapa a los mamíferos.

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Lisandro Pardo

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