La NASA estrellará dos naves contra la Luna

Como parte del estudio de nuestro satélite, la NASA hará chocar ex profeso naves contra su superficie. El análisis de las ondas sísmicas provocadas por los impactos y de los vapores que se desprendan de las colisiones permitirá a los científicos determinar los lugares en los que podría existir agua.

Lo mejor de todo es que, por extraño que parezca, los choques de naves terrestres contra la Luna no son algo nuevo. Se trata de una ¿tradición? comenzada por los rusos en 1959, cuando su nave “Luna 2” se hizo añicos contra el Mar de la Serenidad, convirtiéndose en el primer objeto hecho por el hombre en alunizar.

Pero también la NASA ha estampado varias naves contra la Luna. Dejando de lado las discusiones sobre los derechos (o falta de ellos) que pueda tener el hombre para llenar de chatarra al satélite de la Tierra, al final de la década de los 60 y durante los 70, el enviar los enormes cohetes aceleradores del Saturno hacia la Luna era una práctica habitual.

La idea era hacer que el suelo vibrase con el impacto para que los instrumentos del Apolo lo registrasen. Además, resultaba mucho más fácil y barato arrojar las naves allí que guiarlas hasta un lugar seguros sobre la Tierra. De esta manera, comenzó a formarse un verdadero cementerio espacial en la Luna. Hay al menos trece vehículos destrozados sobre su superficie: cinco Orbitadores Lunares de la NASA, cuatro sondas soviéticas, dos sub-satélites Apolo, la nave espacial japonesa Hiten y la sonda Lunar Prospector de la NASA.

Llegados a este punto uno podría suponer que la humanidad ha aprendido a cuidar de la naturaleza de la Luna y que evitaría por todos los medios repetir este tipo de conducta en el futuro. Pero la realidad es exactamente la opuesta: la misión LCROSS (Lunar CRater Observation and Sensing o Satélite de Observación y Detección de Cráter Lunar) se dispone a, en el transcurso de este mismo año, retomar los “alunizajes forzosos”.

El líder de la misión, Tony Colaprete, dice "posiblemente existe agua en estado de congelación en alguno de los cráteres que se encuentran en el lado oscuro de la Luna. Así que vamos a golpear alguno de estos cráteres, hacer que brote algún detritus rocoso y analizar las columnas provocadas por el impacto para buscar indicios de agua".

Políticamente se trata de un experimento importante, ya que marca el regreso de la NASA a la Luna. Hace solo un par de años, parecía que el satélite iba a quedar en manos de rusos y chinos, los únicos interesados en orbitarla y hasta descender en ella. Pero además existen motivos prácticos para la búsqueda de agua fuera de la Tierra.

Si algún día comenzamos la colonización del espacio de forma seria, nuestros exploradores necesitarán agua. También puede descomponerse para ser empleada como combustible de cohetes y en oxígeno para respirar. Por supuesto que podemos enviarla en una nave desde la Tierra, pero es mejor extraerla directamente del suelo lunar.

LCROSS abandonará la Tierra a fines del 2008, y compartirá el vuelo con el Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO), una nave mayor que orbitará la Luna mientras el LCROSS impacta contra ella.

"En realidad vamos a chocar dos veces", señala Colaprete. LCROSS es una nave espacial doble: una pequeña e inteligente nave nodriza, y un acelerador de cohetes bastante más tonto. La nave nodriza se llama la "Nave Pastora" ya que guía al acelerador hacia la Luna. Los dos viajarán juntos a la Luna, pero la golpearán separadamente.

El impacto del acelerador convertirá 2 toneladas de rocas en un destello de 10 mil millones de Joules de energía, creando un cráter de unos 20 metros de ancho y desprendiendo una columna de escombros rocoso que alcanzarán una altura aproximada de 40 km. gracias a la baja gravedad Lunar.

La nave Pastora fotografiará el impacto y luego se dirigirá al encuentro con la Luna pasando a través de la columna de detritus rocoso, recogiendo información hasta el momento mismo del choque. "Si existe agua ahí, o alguna otra cosa interesante, la encontraremos", afirma Colaprete.

Aún no se ha determinado el lugar exacto donde impactarán las naves. Colaprete apuesta por alguno de los cráteres polares, cuyo interior se mantiene a salvo del Sol y en donde el agua depositada por cometas hace mucho tiempo puede haberse congelado y sobrevivido hasta el día de hoy. "Hay muchas zonas candidatas. Estamos convocando a una reunión de investigadores para deliberar sobre los méritos de varias zonas y, finalmente, escoger una", termina.

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Ariel Palazzesi

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