La Segunda Guerra Mundial había terminado y, tras Hiroshima y Nagasaki, la «Era Atómica» prometía un futuro sin límites. Sin embargo, la Guerra Fría no tardó en materializarse, y las dos grandes potencias exploraron formas de calentarla. Una de ellas fue instalar reactores nucleares en aviones. La idea de un bombardero de largo alcance que pudiera permanecer en el aire durante semanas, sin depender de combustible convencional, era tentadora, pero se hundió por motivos, algunos bastante obvios.

El programa estadounidense: NEPA y ANP

Las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos (USAAF) iniciaron en mayo de 1946, un año antes de su disolución, el proyecto NEPA (Nuclear Energy for the Propulsion of Aircraft). Cinco años después, el proyecto fue absorbido por el programa ANP (Aircraft Nuclear Propulsion), bajo la supervisión de la Comisión de Energía Atómica y la nueva USAF. El objetivo era desarrollar y evaluar el Convair X-6, un bombardero experimental de largo alcance equipado con un reactor nuclear y motores especiales, que según las hipótesis de la época podría permanecer en el aire semanas enteras.

En 1955-56, el programa produjo el motor X-39 de General Electric, en esencia un motor J47 para operación nuclear, y el HTRE-1, el primer reactor nuclear en alimentar un motor turbojet, en enero de 1956. Más tarde vinieron dos revisiones: HTRE-2 y HTRE-3.

El Convair NB-36H: el avión de pruebas

El único avión estadounidense que llevó un reactor nuclear operacional a bordo fue el Convair NB-36H (inicialmente XB-36H), conocido como «Crusader» o simplemente «Nuclear Test Aircraft». El reactor nunca estuvo conectado a la propulsión ni a la aviónica; su misión era evaluar los parámetros necesarios para el vuelo nuclear seguro, comenzando por el blindaje.

La cabina original fue reemplazada por una estructura de plomo y caucho que pesaba once toneladas. Hasta las ventanas más pequeñas recibieron vidrios de plomo con un espesor mínimo de diez pulgadas. El reactor tenía una potencia de un megavatio. En total, el NB-36H realizó 47 pruebas con 215 horas de vuelo entre septiembre de 1955 y marzo de 1957, de las cuales 89 fueron con el reactor encendido, pero siempre usando propulsión convencional. El avión fue desmantelado un año después y el programa se canceló en 1961.

El avión atómico: La «locura» de poner reactores nucleares en los aviones
Noten el símbolo en su cola...
El avión atómico: La «locura» de poner reactores nucleares en los aviones
Sus modificaciones demandaron «mucho» plomo

El proyecto soviético: Tupolev Tu-95LAL

Los soviéticos también trabajaron en un proyecto similar, que utilizó el Tupolev Tu-95LAL, un derivado del Tupolev Tu-95. Durante buena parte de la década de 1960, el Tu-95LAL realizó más de 40 vuelos, la mayoría con su reactor apagado. Al igual que en el Crusader, la prioridad era evaluar la robustez del blindaje. Las fuentes sugieren que ese blindaje era lo suficientemente eficiente como para iniciar la segunda fase del programa, que habría llevado al desarrollo del Tupolev Tu-119.

El avión atómico: La «locura» de poner reactores nucleares en los aviones
Rusia tenía a su Tupolev Tu-95LAL
El avión atómico: La «locura» de poner reactores nucleares en los aviones
El programa soviético no estaba tan atrasado y pensaba en plazos más largos, pero fue cancelado igual que el estadounidense

El fin de los aviones nucleares

Los dos grandes proyectos de ambas potencias terminaron antes de tiempo. Por un lado, el riesgo ambiental era inadmisible ante la posibilidad de un accidente. Por otro, los misiles balísticos intercontinentales conquistaron el mundo. Una vez que la tecnología basada en el R-7 Semyorka puso a Sputnik y a Yuri Gagarin en órbita, todas las fuerzas entendieron que sus recursos debían invertirse en ese campo.

(De nuestros archivos, publicada originalmente en noviembre de 2017, con algunos ajustes. Buena elección para terminar este «fin de semana atómico».)

Fuentes

Aviation History · T3VA