Eugene Shoemaker: El único hombre enterrado en la Luna
Eugene Shoemaker

El nombre de Eugene Merle Shoemaker resuena con fuerza en la historia de la exploración espacial, y no es para menos: fue uno de los descubridores del célebre cometa Shoemaker-Levy 9, que impactó contra Júpiter en julio de 1994. Su labor como geólogo y como uno de los padres de la ciencia planetaria resultó fundamental, pero albergaba un deseo pendiente: Ir a la Luna. El destino le jugó una mala pasada, pero gracias a la misión Lunar Prospector, iniciada por la NASA en 1998, Shoemaker pudo cumplir su sueño.

Nacido en abril de 1928, Eugene Shoemaker fue testigo de momentos oscuros del siglo XX, pero también de avances extraordinarios. Desde joven demostró una habilidad superior, ingresando a Caltech en 1944 con apenas 16 años y graduándose en tan solo cuatro. En 1948 se unió al Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), donde su primera tarea fue la búsqueda de depósitos de uranio en Utah y Colorado.

El hombre que miró hacia el cielo

Eugene Shoemaker: El único hombre enterrado en la Luna
El hombre que esencialmente convirtió a los astronautas del programa Apolo en geólogos

Shoemaker ya había comenzado a mirar hacia arriba. Al comparar los cráteres creados por pruebas atómicas con otros de origen natural, determinó la importancia de los impactos de meteoritos en los procesos geológicos terrestres.

La Luna, su gran objetivo

La Luna y su superficie se convirtieron en un objetivo tentador para Shoemaker. En 1956 intentó convencer a sus empleadores de crear un mapa geológico de la Luna, y mantuvo una estrecha relación con la NASA. Hacia 1961 ya estaba involucrado en proyectos avanzados, como el programa de astrogeología del USGS, las misiones Surveyor y Ranger, y el entrenamiento de los astronautas.

Eugene Shoemaker: El único hombre enterrado en la Luna
Shoemaker y su esposa Carolyn. Ella no se quedó atrás, convirtiéndose en astrónoma a los 51. ¿Shoemaker-Levy 9? Carolyn también fue parte del descubrimiento.

La Luna estaba cada vez más cerca, pero su salud le puso un freno. Con su experiencia, Shoemaker era un candidato excelente para el programa Apolo, pero un diagnóstico de enfermedad de Addison truncó esa posibilidad. Nunca viajaría a la Luna, aunque eso no lo detuvo para seguir compartiendo sus conocimientos con el programa espacial y otros proyectos.

La historia de Eugene Shoemaker terminó abruptamente en Australia, el 18 de julio de 1997, cuando él y su esposa Carolyn sufrieron un grave accidente de tráfico. Carolyn resultó gravemente herida pero se recuperó; Shoemaker no tuvo la misma suerte y falleció a los 69 años. No eran pocos los que conocían su deseo de viajar a la Luna. Uno de sus estudiantes ideó un plan para colocar una onza de sus cenizas (poco más de 28 gramos) en la sonda Lunar Prospector, destinada a impactar la superficie lunar en julio de 1999.

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Sus cenizas fueron colocadas en una cápsula de policarbonato fabricada por Celestis, la misma compañía que envió las cenizas de Gene Roddenberry al espacio. La sonda completó sus objetivos y golpeó la superficie lunar el 31 de julio, cerca del Polo Sur. Por más pequeño y simbólico que sea, el sueño de Eugene Shoemaker se cumplió, y eso es perfecto.

Fuente: Grunge

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