Reemplazar el combustible convencional en el transporte público es un desafío que viene de lejos. La primera solución que solemos imaginar es el trolebús, que funciona sin problemas en muchas ciudades del mundo. Pero en la década de 1940, un ingeniero suizo fue más allá y creó el Gyrobus, un vehículo que almacenaba energía en un volante de inercia girando a 3.000 revoluciones por minuto. Con recargas en paradas estratégicas, podía recorrer distancias urbanas de forma eficiente y silenciosa, sin necesidad de cableado externo.

Gyrobus: El bus eléctrico suizo con volante de inercia
Gyrobus

Para entender su origen, hay que retroceder al 29 de abril de 1882, cuando Ernst Werner von Siemens presentó su Elektromote en las calles de Halensee. Ese fue el primer trolebús, y hoy sus descendientes circulan por más de 300 ciudades y pueblos de todo el mundo.

Sin embargo, el trolebús no siempre fue bien recibido. Su principal inconveniente es el cableado especial, que limita el movimiento, resulta caro de ampliar y no es agradable a la vista. En 1946, muchas ciudades suizas adoptaron el trolebús, pero con el tiempo sus puntos débiles se hicieron más evidentes. Los buses tradicionales eran demasiado ruidosos y algunas rutas no justificaban inversiones tan grandes. La respuesta fue el Gyrobus.

Gyrobus: Una rueda gigante para ir a todas partes

Gyrobus: El bus eléctrico suizo con volante de inercia
Uno de los volantes de inercia utilizados por el Gyrobus

El Gyrobus fue creación de Bjarne Storsand, jefe de ingenieros en Maschinenfabrik Oerlikon (hoy parte del ABB Group). Su idea original era usar esta tecnología en trenes de corta distancia con aplicaciones industriales, pero encontró su lugar en el transporte público. El prototipo se construyó sobre el chasis de un camión FBW de 1932. El volante, con un peso de 1.5 toneladas y 1.6 metros de diámetro, iba instalado en el centro del vehículo, completamente sellado. Su cámara especial se llenaba con hidrógeno a baja presión (0.7 bar o 700 hectopascales) para reducir la resistencia del aire. En condiciones normales, el volante giraba a 3.000 revoluciones por minuto, pero en emergencias podía bajar a 1.500 RPM, afectando el rendimiento.

Gyrobus: El bus eléctrico suizo con volante de inercia
Esquema general y plano del prototipo
Gyrobus: El bus eléctrico suizo con volante de inercia
Un Gyrobus recuperando energía
Gyrobus: El bus eléctrico suizo con volante de inercia
Uno de los 12 Gyrobus enviados al Congo Belga, y que funcionaron en Léopoldville (hoy Kinsasa)
Gyrobus: El bus eléctrico suizo con volante de inercia
Así se veía un Gyrobus por dentro

Hablando de rendimiento, varias fuentes indican que el Gyrobus podía cubrir una distancia de 5 o 6 kilómetros (incluyendo paradas y tráfico) con una carga completa, y reportes aislados en la estación Yverdon-les-Bains hablan de 10 kilómetros. Una recarga total, empezando con el volante detenido, podía tomar 40 minutos; en movimiento, necesitaba un mínimo de 120 segundos. Las unidades se usaron en Suiza, Bélgica y el Congo Belga, donde los conductores, ansiosos por tomar atajos en caminos en mal estado y sin asfaltar, dañaban el volante y su mecanismo.

Al final, fue el alto consumo de energía eléctrica (y el combustible convencional barato) lo que terminó de bajar el pulgar para la flota Gyrobus… sin olvidar el detalle de tener una rueda gigante de 1.5 toneladas inyectada con hidrógeno girando a 3.000 RPM muy cerca de los pasajeros. Algo me dice que su historia sería diferente hoy...

Fuentes: Station Gossip, Proaktiva