La idea de vender vino en latas no es nueva. De hecho, la industria lo intentó por primera vez en 1936, buscando repetir el éxito de la cerveza. Sin embargo, el vino siempre ha sido un producto mucho más inestable y sensible a las variables de su envasado. Uno de sus mayores desafíos ha sido ese desagradable olor a huevo podrido que afecta a muchas marcas. Tras una larga lista de hipótesis, un equipo del Departamento de Ciencias de la Alimentación de la Universidad Cornell finalmente dio en el blanco.

Resuelven el misterio del «olor a huevo podrido» en las latas de vino
Latas de vino

La historia nos dice que las bodegas estadounidenses intentaron comercializar el vino enlatado en 1936, buscando repetir el éxito logrado por la cerveza el año anterior. Sin embargo, el vino demostró ser un producto mucho más inestable y sensible a las variables de su envasado. Las latas de aluminio debieron recorrer un largo camino para convertirse en la maravilla de ingeniería que son hoy, pero su alianza moderna con el vino está llena de imperfecciones. ¿La más importante? El olor a huevo podrido.

¿Por qué el vino en lata tiene olor a huevo podrido?

Resuelven el misterio del «olor a huevo podrido» en las latas de vino
Algunas muestras tardaron meses en ser procesadas...

El profesor Gavin Sacks del Departamento de Ciencias de la Alimentación de la Universidad Cornell fue contactado por las bodegas, que explicaron sus dificultades a la hora de enlatar vino: fugas, corrosión y huevos podridos. A pesar de seguir todas las recomendaciones de los fabricantes de latas, el vino siempre presentó resistencia. La estrategia fue identificar a los componentes responsables y determinar por qué sucede solo con vinos (la Coca-Cola lleva décadas en latas de aluminio, y jamás se registraron incidentes de este tipo…). La profesora Julie Goddard se sumó a la investigación, incorporando su experiencia en ciencia de materiales y envasado. El proceso fue lento, demandando meses para evaluar la condición de algunas muestras, mientras que otras fueron «aceleradas» en entornos más hostiles. En todos los casos llegaron a la misma conclusión: el dióxido de azufre (SO2), utilizado como antioxidante y antimicrobiano, puede atravesar la capa plástica interior en las latas y llegar a interactuar con el aluminio. Esto produce sulfuro de hidrógeno (H2S), muy reconocido por su olor a podrido.

Resuelven el misterio del «olor a huevo podrido» en las latas de vino
El mercado ya es enorme, y eliminar este detalle no haría más que acelerar su crecimiento

Las bodegas utilizan entre 0.5 y 1 parte por millón, pero el estudio sugiere que cualquier valor por arriba de 0.5 aumenta la presencia de sulfuro de hidrógeno y el olor a huevo podrido tras 4-8 meses de almacenamiento. Las bodegas deberían apuntar al umbral más bajo, pero eso las obliga a entrar en un juego de equilibrio, ya que aumentaría (levemente) el riesgo de oxidación. Incrementar el espesor de la capa interna tampoco es una solución mágica, ya que la interacción con el líquido no desaparece, la lata se vuelve más cara, y pierde algunos puntos en materia ambiental (ese plástico se quema al reciclar aluminio).

¿Qué es lo que sigue? Avanzar en la búsqueda de protectores alternativos y optimizar el vínculo entre producción y enlatado para que el olor a podrido en el vino finalmente sea cosa del pasado.

Accede al estudio: Haz clic aquí | Fuente: Phys.org