Los «teclados Sound Blaster», primeros puentes entre la música y los ordenadores

A finales de los ‘80 y principios de los ‘90, las tarjetas de sonido no eran comunes, sino todo lo contrario. La inversión en aquel entonces estaba a la par de lo que hoy se pide por una tarjeta de vídeo dedicada, pero valía la pena pagar el alto precio con tal de abandonar al horrendo altavoz interno. De hecho, el hardware de las tarjetas de sonido, y en especial el Yamaha YM3812, se volvió tan popular que algunos fabricantes directamente lanzaron al mercado lo que hoy podemos llamar «teclados Sound Blaster».

Primero, fueron las tarjetas AdLib. Después, el mercado hizo lugar a las Sound Blaster de Creative. Los usuarios comenzaron a disfrutar de gloriosos canales independientes con sonidos que antes eran imposibles de reproducir en un ordenador, y la compatibilidad de software no tardó mucho en llegar. La «tiranía del altavoz interno» había caído. Hoy, la gran mayoría de los ordenadores utilizan una solución de sonido integrada, mientras que las tarjetas dedicadas son aplicadas en tareas más especializadas, que requieren ir más allá del soporte básico. Pero el hardware presente en las primeras tarjetas de sonido no fue algo pensado exclusivamente «para ordenadores». Esa misma tecnología llegó a varios modelos de teclados, a los que en cierto modo es posible llamar «teclados Sound Blaster» (sin la intervención de Creative, claro):

 

Básicamente, todo este movimiento giró alrededor del Yamaha YM3812. Nueve canales programables, con la posibilidad de ceder tres para activar un «modo percusión» que le daba aún más flexibilidad. Como era de esperarse, Yamaha fue la compañía que mejor aprovechó los recursos del YM3812, colocando en el mercado varios modelos de 49 y 61 teclas entre 1986 y 1994. Los modelos más avanzados tenían deslizadores para ajustar funciones al estilo de onda, espectro y modulación. Algunos de esos teclados fueron presentados como «de aprendizaje», o directamente «para niños», provocando que en la actualidad no tengan un precio tan alto, asumiendo que logremos encontrar uno.

El dato más curioso, y al mismo tiempo el más obvio, es que todos estos teclados tenían exactamente el mismo sonido, y lo que hizo Yamaha fue sumar chips en paralelo para añadir elementos como soporte PCM. Finalmente, el mercado recibió variantes aún más económicas, entre ellos el YM2413, que en esencia reduce los controles de onda, espectro y modulación a un canal, con el resto «siguiendo» a esos parámetros. En resumen: Si te cruzas con alguien que pide un precio razonable por un teclado Yamaha, consulta la descripción del vídeo. Podría ser una pequeña joya histórica del audio esperando a ser descubierta.

Deja tu voto

0 puntos
Upvote Downvote

Total votes: 0

Upvotes: 0

Upvotes percentage: 0.000000%

Downvotes: 0

Downvotes percentage: 0.000000%