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Earthrise: La fotografía «imposible»

Todo el mundo la vio, pero muy pocos conocen su historia…

Earthrise

El 24 de diciembre de 1968, el astronauta William Anders de la misión Apolo 8 tomó una de las fotografías más impactantes en la historia de la humanidad. Conocida generalmente como Earthrise, la imagen no sólo guarda detalles fascinantes que la mayoría del público desconoce, sino que además representa un salto evolutivo extraordinario para la fotografía espacial. Phil Edwards en YouTube nos invita a conocer su historia.


Apolo 8 fue mucho más que un «test drive». La Carrera Espacial estaba al rojo vivo, los rusos habían obtenido una leve ventaja gracias al éxito de Zond 5 (la primera nave en ir hasta la Luna y regresar a la Tierra intacta, con dos tortugas a bordo), y con más de cien defectos detectados en su módulo lunar, la misión recibió una importante «reconfiguración» de sus parámetros que permitió enviar a Borman, Lovell y Anders a visitar nuestro satélite.

Pero Apolo 8 también trajo algo maravilloso: Earthrise, la imagen que se convirtió en un icono de la exploración espacial. Catálogos, calendarios, estampillas… reproducida hasta el cansancio, hoy ocupa un lugar de privilegio junto a otros logros fabulosos de la fotografía espacial como Blue Marble o Pale Blue Dot. Sin embargo, hay un detalle que pocas personas saben, y es que Earthrise no debería existir. Las restricciones eran tan grandes en ese momento, que el disparo final fue casi una casualidad. Phil Edwards nos explica:


La fotografía detrás de Earthrise


En primer orden, la versión que todos conocemos de Earthrise es incorrecta, o sea, la Luna no está «abajo», sino que en la captura original aparece a la «derecha» del fotógrafo. Pero llegar a ella demandó una combinación de eventos más grande de lo que imaginamos, especialmente por la relativa falta de interés en la fotografía «no científica». Desde la geografía hasta la formación de nubes, los documentos oficiales hablan de «fotografía sinóptica» enfocada en grandes áreas, y el componente de «relaciones públicas» para la fotografía espacial virtualmente no existía.


Esta es la versión original, con designación AS08-14-2383

De hecho, John Glenn debió convencer a las autoridades de la NASA para poder llevar una segunda cámara a bordo de la nave Friendship 7. La primera era una Leica instalada por la agencia espacial, mientras que la segunda era una Minolta Ansco Autoset que Glenn compró en una tienda local. Esa cámara fue modificada en varios niveles, pero su perfil automático le permitió obtener imágenes más que decentes.

Un tratamiento similar recibió la Hasselblad 500 C de Wally Schirra (el astronauta de Mercury-Atlas 8), aparentemente elegida por sugerencia del fotógrafo de NASA, Bill Taub (su trabajo es impresionante). Las primeras imágenes de Schirra quedaron sobreexpuestas (probablemente por la ausencia de un viewfinder), pero los resultados mejoraron mucho en misiones posteriores. La fotografía se había vuelto una práctica tan seria, que Géminis 10 dio lugar al Experimento M410, en el que literalmente colocaron una paleta de colores en el espacio para comprobar las diferencias entre lo que veía el astronauta, y lo que terminaba siendo capturado (reporte oficial, página 49).


El equipo del Experimento M410

Aún así, todos estos avances no eran suficientes para garantizar un disparo como Earthrise. Phil nos habla de tres barreras: Fotográficas, técnicas, y culturales. Por el lado fotográfico, la NASA adoptó a la Hasselblad 500 EL, una 500 C con funciones automáticas adicionales… pero una vez más, sin viewfinder. A nivel técnico, las ventanas se empañaban constantemente debido a la liberación de gases, bloqueando la visión casi por completo. Y en cuanto al factor cultural… la prioridad era la Luna. Los astronautas no estaban de vacaciones. La mayor parte del contenido de Apolo 8 se enfoca en la superficie lunar, tal y como la NASA lo había indicado.

Pero en la cuarta revolución lunar, William Anders vio aparecer a la Tierra, y tuvo la combinación exacta de intuición y determinación para pedir a Lovell una película a color, e ignorar la broma de Borman sobre el itinerario. Una de las ventanas estaba empañada, cambiaron de posición… y Earthrise se volvió realidad. A pesar de las limitaciones de la cámara, de las ventanas cubiertas, y de las órdenes.


Escrito por Lisandro Pardo

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