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El estándar G.fast es un hecho

Hablamos sobre él por primera vez en julio del año pasado, y desde entonces, la posibilidad de contar con velocidades de hasta un gigabit por segundo usando cables convencionales de cobre quedó flotando en nuestras cabezas. El estándar G.fast demanda una serie de compromisos técnicos, pero con su aprobación definitiva por parte de la ITU, se abre camino a una disponibilidad comercial más amplia.

Necesitamos navegar más rápido, de eso estamos convencidos. Incluso la diferencia entre cinco y diez megabits por segundo resulta gigantesca para algunos usuarios, pero la realidad nos indica que tampoco son números extraordinarios. ¿Dónde están esas conexiones mágicas que deslumbran a todos? Por el momento, son un privilegio perteneciente al este de Asia, y a un puñado de afortunados que viven cerca de la infraestructura asociada a Google Fiber. La frialdad de la matemática (aplicando el sistema decimal) nos dice que un gigabit por segundo son 125 megabytes por segundo, un poco más de siete gigabytes en apenas un minuto.

G.fast
Si bien existen cosas como las conexiones Ethernet de diez gigabits, el consumidor tiene muchos problemas para acceder a velocidades superiores en su hogar

En lo personal, creo que sería suficiente para varios años de actividad, aún con tareas complejas como el streaming 4K. Lo que necesitamos es que los proveedores suban de categoría, y a su vez, ellos necesitan cierta solidez técnica, comenzando por un estándar. G.fast lleva algo de tiempo haciendo sus rondas. Recibió aprobación inicial en julio del año pasado, acompañada por hardware experimental. Los primeros chips comerciales se manifestaron en octubre último, y los módems en sí estarían listos para su debut en el mercado durante 2015. Aún así, G.fast no es ningún cuento de hadas. El gigabit por segundo de velocidad en cobre representa al mejor de los casos. El estándar habla sobre “objetivos”, y no necesariamente sobre velocidades obligatorias y sostenidas.

De hecho, el rango oscila entre los 150 megabits por segundo y un gigabit por segundo, dependiendo de las condiciones del cableado, y la distancia final que separa al usuario del punto de distribución. La velocidad puede caer a su parámetro más bajo con apenas 250 metros de cable, aunque se calculan unos 100 megabits por segundo sobre 500 metros de cobre. Obviamente, ordenadores y servidores deben hacer su tarea también, y lo mismo se aplica al software, sin embargo, se necesitaba el estándar primero, y ya lo tenemos. 2015 promete ser un buen año para G.fast. Esperamos que todos los involucrados pisen el acelerador.

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Escrito por Lisandro Pardo

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