Magic Cap: El revolucionario sistema operativo móvil adelantado a su tiempo (vídeo)

Como Microsoft Bob… solo que mejor

Magic Cap

En mayo de 1990, Bill Atkinson (el creador de las HyperCards), Andy Hertzfeld (uno de los creadores de la Macintosh) y Marc Porat convencieron al CEO de Apple John Sculley para transformar a un ambicioso proyecto interno de Cupertino en una compañía independiente, dando lugar a General Magic. Uno de los desarrollos más importantes de General Magic fue Magic Cap, plataforma operativa e interfaz gráfica a la vez, que utilizaba la llamada «metáfora de la habitación» para ofrecer al usuario un entorno intuitivo y fácil usar, aún en las pantallas compactas de los dispositivos móviles.



Uno aspecto impresionante de General Magic fue la velocidad con la que sumó nuevos socios. Desde Sony hasta Motorola, pasando por AT&T, Philips y Matsushita (léase Panasonic), todos querían un boleto especial en el avión de General Magic y Apple. El supuesto plan maestro era la creación de una plataforma de software y un dispositivo personal de comunicaciones que podría ser utilizado en cualquier momento, y en cualquier parte. Desde un punto de vista técnico, Apple ya poseía a un dispositivo compatible con esa definición gracias al PDA Newton, aunque estaba limitado por la falta de enlaces con el exterior, y sólo enviaba mensajes usando un accesorio extra. La ambición de General Magic era mucho más grande: Por un lado tenía a Telescript, un lenguaje de programación que permitiría a dispositivos con un poder de procesamiento limitado cargar pequeños programas o agentes a servidores remotos, los cuales se encargarían de todo el trabajo pesado (en esencia, un ancestro de la nube moderna). Y por el otro, tenía a Magic Cap.



Magic Cap era, desde cierto punto de vista, el puente entre el usuario final, Telescript, y la infraestructura de fondo. Un sistema operativo y una interfaz gráfica inspirada en la clásica metáfora de la habitación que ayudaba a localizar los servicios disponibles con facilidad. El escritorio poseía uno o dos cajones dependiendo del tamaño de la pantalla, y a través de ellos era posible crear toda clase de mensajes y documentos. A medida que se acumulaban los mensajes, más sobres aparecían en el escritorio, y para eliminarlos era suficiente con arrastrar cada uno al icono del camión de la basura. Tarde o temprano, el usuario dejaría la «casa» de Magic Cap para visitar «Downtown», donde se encontraban los servicios especiales. El más destacado (y el único disponible en muchos casos) era el Centro PersonaLink de AT&T.



Las compañías vinculadas a Magic Cap lanzaron varios dispositivos compatibles con el Sony Magic Link y el Motorola Envoy a la cabeza, e incluso se vio una edición especial del software para Windows, pero las limitaciones técnicas y comerciales eran demasiado grandes. El precio promedio de estos dispositivos ascendía a 1.000 dólares, una verdadera fortuna en 1994-95, y las pocas opciones de conectividad inalámbrica eran lentas, costosas, o ambas cosas a la vez. Dicho de otro modo, los dispositivos Magic Cap vivían esclavizados a líneas de teléfono convencionales, y con una velocidad máxima de 2.400 bits por segundo, la experiencia general era espantosa. Como si eso fuera poco, General Magic, Magic Cap y su hardware se descubrieron a sí mismos compitiendo (y perdiendo) contra la propia Internet. Si a eso le sumamos el avance de Palm y la desaparición del servicio PersonaLink en 1996, la plataforma quedó huérfana en tiempo récord. En resumen, Magic Cap era una gran idea en el momento equivocado, muy adelantada a su tiempo, pero al mismo sin llegar a alcanzar el tren de la Web.

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Lisandro Pardo

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