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Proyecto Zomboid: Una crónica sobre mi muerte

Las historias de zombies tiene diversas aristas de tratamiento y así como en su comienzo en el cine, los juegos han tenido siempre un papel muy activo en relatarlas. La diferencia notoria es que en el primer medio la historia nos viene dada, y en los vídeo juegos la interactividad genera destinos diferentes, donde la vida o la muerte se deciden según tus decisiones. De esto se trata Project Zomboid, un juego de supervivencia en un apocalipsis zombie que te hará pensar cada una de tus acciones. No tanto para alargar tu vida, sino para retrasar la llegada de tu muerte. Para ponerte en clima mientras descargas su versión demo gratuitamente, te contamos una experiencia de juego… desde adentro.

Es el final de los días, y así muero.

Sonó despacio, tenue y mortuoria la música que nos abrió la puerta a aquel lugar al que no queríamos dirigirnos. El final de los días se nos ha hecho demasiado largo, y las El cielo se descompuso, y mientras recuperaba la visión después de  reconocerme insomne en la ausencia de luz -cuya afección en mí fue el único atisbo de cordura durante una noche diferente a todas las demás-, la vi a ella; tendida inmóvil en la cama, cuidando cada bocanada de aire y su vida envuelta en un velo de incertidumbre que proponía al rojo como furibundo motor de su inminente desenlace. Me acerco a su lecho y reviso la herida: la sangre espesa, cuyo color me retrotrae a la violencia de las escenas que nos han perseguido durante toda la noche, no ha dejado de manar. Un quejido me despierta del embotamiento del recuerdo aciago y le presto atención a sus labios, que me suplican un perdón agónico y me piden que me mantenga con vida: -Si los ves; Corre -me dice.

El cansancio se apropia de ella otra otra vez dejándome libertad -que es sólo física- para ir a buscar los suplementos para detener su hemorragia y evitar que aquellas palabras preventivas se conviertan en su despedida. Sé que tengo analgésicos en el baño, y también algunas cobijas que puedo trozar para hacerle un torniquete. Más calma y con la herida controlada, la dejo dormida en la recámara y bajo las escaleras hasta el primer piso, mientras que por la ventana de la recepción observo que la lluvia ha escampado. Debo aprovechar el momento, me digo. Y salgo inmediatamente a recorrer el terreno en busca de alimentos y de aquello con lo que pueda hacer de esta casa, nuestra fortaleza. Nuestra tercera fortaleza en la semana.

En el cobertizo del patio hallo algunas herramientas de carpintería, como un martillo y un poco de madera, que me sirven para vallar algunos sectores de la casa. Abro la heladera y reviso cada espacio posible; no hay comida, y mis pensamientos se orientan en una sola dirección: Voy a tener que salir. Al salir por la puerta me recorren nuevos escalofríos que sólo consigo batir dando los primeros pasos hacia mi objetivo. Camino lentamente, pero escucho un grito y empiezo a correr sin mirar atrás. Llego a la casa más próxima y reviso estantes, almacenes y heladera. Encuentro algunos vegetales y unas latas de sopa. Del día de expiración pasó bastante tiempo. Tanto tiempo como desde que eso dejó de importarnos. Emprendo mi retorno a la casa famélico y con un cansancio que se evidencia en mis acciones; la puerta de entrada estaba abierta.

El primer pensamiento me lo da aquél grito que escuché cuando me iba, pero al subir la escalera, armado con mi martillo, compruebo que la suerte ha estado de nuestro lado; Kate sigue dormida y a salvo. En tanto yo no me perdono el error que cometí y decido reforzar el vallado. La noche se profundiza y la energía eléctrica falta tanto como el calor humano del que en días mejores nos distanciamos en nuestro autismo social. Decido dormirme en un sofá cercano a la puerta trasera, la única que está tapiada. No hay nada más para hacer. Incluso ignoro el hambre que tengo en pos de aprovechar la luz del día.

Algunas horas después me despierto y voy directo a la habitación de Kate. Sus heridas empeoran, y ahora me pide comida. Abro la sopa con el abrelatas y usando una olla vieja me cocino, mientras tengo un ojo en las ventanas y siento el frío del hierro en mi bolsillo, donde está el martillo; al que ya no considero una herramienta, sino mi única defensa. Mientras comemos, un golpe en la puerta nos quita el apetito. A ese golpe le siguen otros, y nos sabemos rodeados. Con cautela bajo a observar el desolador paisaje y no veo nada amenazador más que el día mojándose con la lluvia intermitente. La comida en la casa otra vez escasea y necesito reforzar más este lugar; estamos desamparados y ellos ya lo saben; nos oyen.

Salgo nuevamente poniendo como mi norte el sur, y mientras camino por una calle que está en ruinas, la noche empieza a caer, y con ella mi temor por Kate aumenta. ¿Habré dejado la puerta abierta nuevamente? ¿Serán las vallas lo suficientemente resistentes? La situación me desespera y es cuando decido tranquilizarme convenciéndome de haber hecho todo bien que los veo. El caminar pesado pero tenaz, como si la naturaleza de sus intenciones fuera reprendida por una resistencia supranatural a la que, con insistencia, se sobreponen, los acerca a mi parálisis. Rompo el estupor y  corro buscando refugio. Para donde sea que miro, la abiótica infección me rodea y sé que con el martillo no podré hacer nada más que morir dignamente.

Sé, sin embargo, que mi misión es buscar alimento para Kate, y que de no hacerlo nuestras posibilidades de sobrevida se reducen a dos noches, pues Ellos me perseguirían en mi huida y rodearían nuestro hogar, dejándonos la alternativa de la muerte por inanición. Y aunque pienso en mi martillo o en la almohada que vi en mi armario para evitarle la agonía a ella, me lanzo por la alternativa más arriesgada y esquivando la muerte en cada esquina encuentro  un local de comida rápida. Por lo que sé sobre la condición de Ellos, la fuerte custodia que están haciendo sobre las puertas debe ser azarosa, y por eso me arriesgo a romperla corriendo en círculos esperando que me persigan. Mi plan resulta, y unos segundos después entro al local trabando la puerta. La abundancia de comida en los refrigeradores se me hace abrumadora,  y tanto es que me distrae de la dificultad que tendrá salir con vida de allí.

El taponamiento auditivo que provocan sus gritos no me deja concentrar, pero mientras giro desesperado veo que el local tiene una segunda puerta que está menos poblada. Me voy hacia ella y apelando a mi anterior estrategia dejo entrar a algunos, que se lanzan hacia mí embistiéndome más rápido de lo que pensaba. Logro zafarme de algunos y me escabullo por la puerta del local hacia la calle. Mientras corro tratando de recordar el camino a casa, Ellos ya son demasiados, y me persiguen con más energías que las mías. Siento como si mi destino se estuviera posicionando progresivamente sobre mí, generando que aquellos parecieran más vivos que yo, y contradiciendo el escenario me impulso un poco más masticando unos pedazos de carne cruda. Llego a la casa. Y Ellos conmigo.

Armo una empalizada en la última puerta disponible, pero el hambre de Ellos es más voraz que el que yo jamás podré tener, y la fortaleza no podrá resistir demasiado. Mientras subo las escaleras hacia la habitación de Kate doy cuenta de que las manchas de sangre fresca en mi pantalón no son de Ella, y dado que no pude usar mi martillo en ningún momento, reconozco la herida como mía y, para mi sorpresa, la acepto a ella y a sus consecuencias. Los golpes en las puertas la despiertan de su sueño, y lo primero que ve es una seda blanca que la tapa y la sofoca. En sus últimos estertores me jura su amor, y me tranquiliza diciéndome que me entiende. Luego se apaga para siempre y me da la libertad –completa, esta vez- para bajar al primer piso, usar mí martillo y enfrentar mi suerte. Luego es todo verde,  todo rojo, todo negro y luego… luego todo es de Ellos.

El juego

El juego se desarrolla en una plataforma isonométrica, en tercera persona, en donde tienes que construir tu destino construyendo diferentes tipos de herramientas y elementos. Desde cocinar combinando alimentos y artilugios de cocina de tu inventario, hasta crear bombas molotov y otras armas para hacerle frente a las hordas de Zombies que te atacarán sin descanso. La idea de este RPG de supervivencia zombie es mantenerse con vida todo el tiempo que sea posible, buscando diferentes estrategias te hagan sortear los obstáculos prácticos y también éticos que supondrá el juego.

Para jugar Project Romboid puedes descargarlo gratuitamente desde este enlace en su versión demo. Sin embargo, y mientras que sus desarrolladores toman decisiones sobre el futuro de su comercialización en versiones completas, lo que nosotros pudimos jugar y lo que ustedes jugarán es una versión alpha, en donde los sonidos y algunas animaciones están perdidas, pero cuya ausencia no implica que no puedas disfrutar ampliamente de este juego muy atrapante más allá de las historias que se puedan contar desde él.

En cuanto a nuestra experiencia debemos decir que la relatada es la primera campaña que jugamos, sin conocer más datos del juego y de su sistema que los que aquí les exponemos. Todo esto fue en pos de buscar una experiencia más pura y a la que aportarle algún rasgo más verídico a esta crónica de nuestra muerte artificial. A medida que terminamos la campaña que relatamos y jugamos otras, la supervivencia se extendió y pudimos observar nuevos elementos de Proyecto Zomboid que nos entusiasmaron más todavía, pero que intencionalmente dejamos sin descubrir para que ustedes se hagan con la sorpresa.

Escrito por Nico Varonas

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