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Qué hay dentro de un cable submarino

Y no son tan gruesos como lo imaginamos…

Varios años atrás hablamos de la instalación de cables submarinos, fundamentales para garantizar y optimizar la conectividad a través de Internet. A medida que la red de redes suma más usuarios, también cambian las exigencias sobre la infraestructura, llevando al reemplazo/retiro de cables existentes, o el despliegue de cables nuevos. Sin embargo, nunca exploramos con detalle el interior de un cable submarino. Hoy tenemos no uno, sino dos vídeos que se encargan de eso.

Todos tenemos razones de sobra para odiar a nuestros proveedores. El acceso es caro y lento, algo especialmente cierto entre aquellos usuarios que dependen de enlaces móviles. La responsabilidad de los proveedores cae dentro de lo local, pero una vez que ingresamos al plano internacional, la mejor forma que tiene Internet de crecer y mejorar su rendimiento es… instalar más cables submarinos.

Al igual que nuestro acceso, el proceso de fabricar y desplegar un cable submarino es caro y lento. Un barco puede tardar un mes sólo para cargar las bobinas, y eso sin considerar factores como el clima. ¿Qué hace tan caros a esos cables? ¿Por qué demandan tanto tiempo? Una buena parte de la respuesta a ambas preguntas se encuentra en el interior mismo, y hoy lo veremos más de cerca.

El interior de un cable submarino

Los vídeos son dos: Por un lado, tenemos a Dan y Lincoln del canal What’s Inside, y después encontramos a Nat y Lo, quienes trabajan en Google. Ambos equipos unieron fuerzas para obtener un trozo de cable submarino, y acceso privilegiado a la construcción y carga del cable MONET, que unió las ciudades de Santos y Fortaleza en Brasil con Boca Raton en los Estados Unidos. Todo comienza en el centro, con fibra óptica organizada en pares y colores. En los casos más exigentes, un cable puede tener hasta doce pares de fibra óptica corriendo a través de su núcleo.

Todo lo demás es protección: La fibra óptica se encuentra dentro de un tubo de plástico relleno con gel. Ese tubo es a su vez cubierto con cables de metal. Luego sigue una vaina de cobre que además de sellar, también se usa para brindar energía a los repetidores, ubicados cada 80 kilómetros.

A partir de ahí, el resto depende del recorrido que siga el cable, y si hay un riesgo mayor de corte, recibe una o dos capas adicionales de acero galvanizado. La última protección está compuesta por hilos de nylon, y brea.

Escrito por Lisandro Pardo

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