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Second Life

No es nuevo, pero cada día que pasa asombra más. Second Life, el mundo virtual de las vidas paralelas, crece a un ritmo desmesurado y ya cuenta con más de un millón de residentes. Negocios virtuales y ganancias reales, sexo y prostitución en línea, oportunidades y amigos en cada esquina. Esto, y mucho más, en una investigación exhaustiva de Neoteo.

¡Bienvenidos al metaverso!

El término metaverso fue acuñado por el escritor Neal Stephenson, en su novela de ciencia ficción Snow Crash (1992). Stephenson, construyó, a partir de una hipótesis (un universo dentro de un universo), una compleja sociedad virtual que, increíblemente, se parece mucho a Second Life. ¡Y casi 15 años antes! En Snow Crash, el metaverso es un mundo virtual al que cualquiera puede entrar y que puede ser accedido por cualquier terminal, pública o privada, en cualquier lugar del mundo. La fascinación con este mundo virtual no tiene precedentes y casi no hay persona que no tenga una segunda vida. Pero, y aquí viene la pega, dentro del metaverso hay mucho del mundo real. La discriminación se cuela por entre los bits y trasciende las barreras de la realidad.

Sucede que, al ingresar desde una terminal pública, la calidad y definición del avatar es menor y, por lo tanto, reconocible como un ser de poco status. Lógicamente, aquellos que acceden por terminales públicas son los que menos recursos tienen en la vida real. Son personas que, impotentes, descubren que ni la virtualidad los escuda ante sus carencias. En el metaverso el status se gana igual que en la mundo real. Los que tienen mayores recursos pueden comprar todo tipo de cosas y pueden entrar a zonas restringidas (como el famoso club Black Sun). Aquellos con gran conocimiento técnico también son respetados porque, generalmente, se muestran con avatares sofisticados hechos por ellos mismos.

Sacando la discriminación, que por el momento no se hizo presente en Second Life, el metaverso de Stephenson es muy similar a la creación de Linden Labs. Un mundo virtual, al que cualquiera puede entrar y en el que, dependiendo de la cantidad de dinero que estemos dispuestos a invertir, podremos lograr más o menos cosas (y, por lo tanto, tener más o menos status). Por el momento, hay tres tipos de cuentas. La gratuita, que sólo nos permite recorrer algunas áreas del mundo, con un avatar por defecto (que se podría ver como un avatar de baja definición del metaverso). La Additional Basic, con un pago de una vez de 9.95 dólares, es muy similar a la gratuita, pero con verificación de tarjeta de crédito. Y la premium, mensual, por 9.95 todos los meses (22.50 por cuatro meses o 75 dólares por año). Esta última, tiene un bonus de registro de 1000 Linden Dollars (L$) y una “mesada” de L$400 por semana. Además, nos habilita para comprar y poseer tierras y construir objetos para vender en nuestros propios locales.

Meretrices virtuales

Como se darán cuenta, esto permite muchísimas oportunidades de negocio. La página oficial misma nos alienta a realizarlos: “Hay muchas oportunidades para la innovación y ganancia en Second Life, tantas como en el Mundo Real. Abre un club nocturno, vende joyas, conviértete en un especulador; la elección es tuya. Miles de residentes están haciendo parte o todo su ingreso real en los negocios de Second Life.” Algunos de los trabajos más comunes dentro de Second Life son: creador de mascotas, operador de casino, tatuador, dueño de un club nocturno, fabricante de autos, diseñador de modas, diseñador de avatares personalizados, arquitecto, guía turístico, guardaespaldas, detective privado, escritor y diseñador de efectos especiales, entre otros.

Pero es tal la cantidad de gente dentro del metaverso de Second Life que las oportunidades están restrictas sólo por la imaginación. Hay bandas que tocan en fiestas privadas, hay empresas que brindan servicios de marketing para negocios dentro y fuera del juego, hay asesores de imagen, ¡hay de todo! ¡Incluso prostitución! Donde hay dinero que ganar, hay sexo que vender. Y Second Life no tiene restricciones de ningún tipo. En el mundo principal, al que sólo pueden acceder los mayores de edad, se puede acceder a variados servicios sexuales. Previo pago por adelantado, claro. Por supuesto, el servicio más requerido es el de las prostitutas.

En Second Life está lleno de estas adorables criaturas virtuales, pero no es algo que cualquiera pueda hacer de la noche a la mañana. Vender vuestro cuerpo requiere un proceso largo y tortuoso. Primero hay que adquirir un buen skin para el avatar, uno realista y bien buenote. Eso puede salir unos cuantos dólares, de los reales. Luego se deben comprar movimientos sensuales, y pagar otros cuantos dólares. Después se debe comprar ropa sexy y, por último, se debe verificar el sexo, para que nadie resulte engañado. Una vez hecho el papeleo, ya se puede buscar un lugar donde trabajar. O, si se tiene grandes aspiraciones, podemos comprar tierra y construir un burdel de primera calidad.

Dependiendo de la calidad del lugar donde trabaje la prostituta, de la exclusividad del local, y del renombre de la chica, las tarifas pueden ir desde L$200 a los L$2500, aunque puede ser más o menos según la reputación del lugar y la meretriz. Cada encuentro dura unos minutos y es acompañado por un chat muy sucio y desprejuiciado. Aunque no lo crean, ¡hay gente viviendo de esto! Si les interesa (¡pues claro que les interesa!), desde sl-escorts.com pueden ver a las mejores escorts de Second Life, con una calificación y comentario, junto a su “salario”.

A pesar de todo el dinero que mueve el mundo virtual de Linden Labs, hay cosas que hacer sin gastar un duro. Muchos zonas ofrecen paquetes de regalo y muchos lugares se pueden disfrutar de forma gratuita. Como es lógico, las cosas gratis no tienen demasiada calidad y están hechas por personas que tienen muchas ganas, pero poco talento. Si quieren comenzar a gastar Linden Dollars, lo mejor es comprarlo desde el juego o desde el sitio oficial. Las “ofertas” que se postulan en sitios como Ebay son robos a mano armada. Los menores de edad no pueden entrar a Second Life, sin embargo, ellos tienen su mundo especial: Teen Second Life, el lugar de encuentro de los más pequeños. Teen Second Life tiene reglas muy estrictas contra la venta de sexo.

Una vez dentro, es imprescindible seguir el tutorial para entender qué cosas podemos hacer y cómo podemos hacerlas. Luego, y una vez familiarizados con los controles, comiencen a explorar. Para esto, nada mejor que ir a Search y buscar zonas afines a vuestros gustos. Nosotros nos dimos una vuelta por una Dublin virtual, caminamos por un centro comercial, fuimos a tomar unos tragos y, lógico, terminamos de fiesta en un burdel. Ahem. Second Life, además de toda la vida social que tiene, está llena de eventos y fiestas, a toda hora. Siempre es recomendable tener algún Linden Dollar en el bolsillo, porque para disfrutar de la mayoría de las cosas se necesita dinero. Y más si quieren disfrutar de cierto status. Recuerden, eso sí, que Second Life es un juego social y la gente está allí para relacionarse y pasarla bien. España tiene muchas zonas virtuales llenas de visitantes, así que, si se conectan, pasen por allí. ¿Quién sabe? Tal vez nos encontremos.

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