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To bit or not to bit: Culpan a las matemáticas por las creencias y supersticiones.

¿Sabías que a cada instante están ocurriendo a nuestro alrededor millones de sucesos altamente improbables? Nuestra vida está plagada de coincidencias y siempre es posible sustentar cualquier idea con datos accidentales. Uno de los responsable de esto tiene nombre: las matemáticas. Hay que estar atentos para no caer en la trampa. ¿Cómo evitarlo? Es tan sencillo como hacer click por aquí (o presionar con el dedo si estás con móvil). ¡Todo en esta nueva entrega semanal!

En distintas entregas de esta sección estuvimos hablando acerca de diferentes seudociencias, creencias y supersticiones. En los últimos artículos, por caso, hemos hablado incluso acerca de cómo algunos pillos aprovechan esto para enriquecerse a costa de los demás.

A menudo las personas podemos desarrollar y reafirmar un pensamiento mágico acerca del mundo después de experimentar algo en apariencia sobrenatural. En muchos casos, hay acontecimientos que parecen desafiar las probabilidades. Por ejemplo, el psicólogo R. Wiseman cita a los acontecimientos que rodean a las muertes de los presidentes norteamericanos John Kennedy y Abraham Lincoln: “Lincoln fue muerto en el Ford Theatre, mientras que Kennedy fue asesinado mientras se trasladaba en un automóvil Lincoln, fabricado por Ford. Lincoln fue elegido como congresal en 1846 y Kennedy en 1946. Lincoln fue designado presidente en 1860 y Kennedy en 1960. Los apellidos de ambos contienen siete letras y los dos crímenes ocurrieron en día viernes. Luego de sus muertes, ambos presidentes fueron sucedidos por hombres llamados Johnson. Andrew Johnson nació en 1809 y Lyndon Johnson en 1909.”

Hablando de coincidencias, de la misma manera, como hablábamos en nuestra nota anterior, alguien puede tostar un pedazo de queso y ver con sorpresa cómo sobre él se materializa la figura de un rostro humano.

Pues bien, ya tenemos al responsable de todo esto: matemáticas, y en especial la Ley de los Grandes Números.

La definición aburrida, en teoría de las probabilidades, dice que la Ley de los Grandes Números describe cómo se comporta en promedio una serie de variables, conforme aumenta el número de ensayos. Pero además hace referencia al principio por el cual la probabilidad de que suceda un evento cualquiera, al menos una vez, aumenta a medida que se incrementa la cantidad de muestras.

La psicología de las coincidencias

La cuestión es que hay leyes estadísticas que hacen que algunos sucesos aparentemente imposibles sucedan con mucha más frecuencia que lo esperado. ¡La Ley de los Grandes Números!

Por ejemplo, muchos se sorprenden que casi todas las semanas, regularmente, en sus países ocurran sucesos altamente improbables. Por ejemplo, que alguien gane la lotería. O lo que es lo mismo decir que alguien acierte un número de entre, digamos, diez millones. Lo que no se tiene en cuenta es cuántos millones de personas juegan en forma simultánea. Este es un ejemplo tal vez tonto, pero bien vale de introducción al concepto.

Martin Gardner nos dice en Rosquillas Anudadas, uno de sus grandes libros, que “Desde los comienzos de la historia, insólitas coincidencias han venido reforzando la convicción de que la vida está sujeta al influjo de fuerzas ocultas. Los acontecimientos que parecen violar milagrosamente las leyes de la probabilidad han sido atribuidos a la voluntad de dioses o demonios, de Dios o de Satán.

Vivimos vidas complejas, hay miles de millones de personas en el mundo y a cada uno nos suceden miles de eventos a lo largo de cada día, por lo que no debería sorprendernos que alguien gane la lotería o, lo que es lo mismo, no debería sorprendernos que todo el tiempo a alguien le suceda algo altamente improbable.

Sigue Wiseman: “Si bien es tentador ver estos acontecimientos como un signo de los dioses, o evidencia de un misterioso sentido de conexión entre las personas, en realidad todo puede ser simplemente obra de la casualidad. Arthur Conan Doyle lo expresó bellamente en El Carbunclo Azul:

En medio de la acción y reacción de tan denso enjambre humano, se puede esperar que cualquier combinación de sucesos tenga lugar, y que se presenten muchos pequeños problemas llamativos y extravagantes.”
El mismo Wiseman, lúdicamente, aplica este precepto a “sorprendentes” anagramas que parecen contener mensajes ocultos: “Las palabras «US president Ronald Reagan» («presidente de los EE.UU. Ronald Reagan») son un exacto anagrama de «repulsed and ignorant arse» («idiota repulsivo e ignorante»), mientras que «President Clinton of the USA» (presidente Clinton de los EE.UU.») puede ser reordenado para escribir «to copulate he finds interns» («para copular encuentra estudiantes»).”

A pesar de que estos ejemplos pueden parecer asombrosos, no está sucediendo nada mágico. Es simplemente la ley de los grandes números en funcionamiento. Dado el gran número de combinaciones de letras en las palabras y la enorme cantidad de texto en obras y en libros, no es sorprendente que cada tanto aparezca un anagrama. Lo que es quizás más sorprendente es que haya personas dispuestas a invertir una significativa cantidad de su tiempo en buscarlos.

Acerca de la Ley de los Grandes Números, el gran Gilbert Chesterton, novelista y ferviente católico, escribió:

La vida está empapada por un incesante chaparrón de pequeñas coincidencias. Tal es el hecho que presta temible plausibilidad a todas las falsas doctrinas y a las manías malignas. Siempre cabe la posibilidad de apoyar con datos accidentales cualquier cosa. Si a mí se me ocurriera de repente que las verdades históricas han sido por lo general manifestadas por hombres pelirrojos, no me cabe duda que diez minutos de reflexión me proporcionarían una bonita lista de ejemplos en respaldo de mí afirmación.

La realidad es que es mucho más difícil que no ocurran coincidencias. Como dice la antigua frase: “Es probable que ocurra lo improbable”. Los eventos que parecen altamente improbables en forma aislada, se tornan altamente probables cuando se considera en el contexto de un gran número de eventos. Una de las grandes confusiones se produce cuando las coincidencias se identifican después del evento, y no antes.

Reflexión final

En esta sección solemos desmenuzar distintos conceptos para llevarlos a su denominador común científico. El objetivo aquí es tener más conocimiento para enfrentarnos a la vida diaria, pero de ninguna manera se trata de vivir analizando el mundo que nos rodea como si fuera una fórmula matemática. Porque, parafraseando a Chesterton, las coincidencias le dan a la vida un tenue sabor de misterio, de azar y de alegría, siempre de esperanza.

Al fin y al cabo somos seres mortales, y podríamos decir que muchas veces un destello de poesía vale más que mil algoritmos.

¿Tú qué piensas?

¡Hasta el próximo To bit!

Escrito por Gianni Sabbione

Gianni Sabbione es editor literario, científico y músico. Como editor trabajó y trabaja en editoriales y medios internacionales de EE.UU., España y Latinoamérica. Es asesor en reorganización y automatización de áreas de IT e investigó en IA y redes neuronales.
Es cantante de sus bandas de hard rock solista y de Color Púrpura, y aprovecha su perfil en Neoteo para promocionarlas. Al menos hasta que se de cuenta el Sr. Director del sitio.

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