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Absurdos y extremos de electrónica e informática (vídeos)

Ambas cosas nos acompañan todos los días, y nos permiten alcanzar metas que son en verdad extraordinarios, y cuando son llevadas a límites extremos, los resultados son impresionantes. Pero como todo trata de buscar un equilibrio, la electrónica y la informática no son la excepción, y por cada avispado que hay allí afuera, hay uno que representa todo lo contrario. De los miles de ejemplos disponibles en YouTube, hemos separado algunos para tu asombro, horror, y por supuesto, deleite.

Desde el primer transistor desarrollado en la década de los ‘40, hasta Zoolander y Hansel golpeando una Mac como si fueran monos. Desde los primeros pasos de la Ley de Moore, hasta Homero Simpson preguntando por la “tecla cualquiera”. Por un lado tenemos a quienes llevan la tecnología a un extremo, pero lo cierto es que son más los que hacen estupideces con ella, o le echan la culpa cuando en realidad no saben utilizarla. Informática y electrónica están a merced de lo bueno y lo malo que podemos hacer con ambas. Por supuesto, la posibilidad del accidente siempre está presente, pero no hay que olvidar que una espada no es nada sin una mano que la empuñe. Dicho eso, comencemos.

La idea de sacriifcar viejos ejemplares de tecnología para causar un poco de destrucción se mantiene muy fuerte, y lo que hacen en estos dos vídeos con pobres procesadores Duron así lo prueba. El primer vídeo se trata obviamente de un montaje, más allá de la impresión que causa lo espectacular de la explosión. Pero en el segundo vídeo no hay ninguna mentira. Colocar un soplete sobre un procesador de esa forma es algo completamente sin sentido, pero ellos, están felices de la vida…

Ah, la Nintendo Wii fue algo revolucionario para los jugadores. Romper la monotonía del pad y agregar movimiento en la ecuación fue una movida maestra por parte de Nintendo… pero evidentemente no fue lo único que terminó roto. Desde que la consola llegó a los Estados Unidos, los reportes de incidentes que involucraron al Wiimote se multiplicaron por millones, aún con las medidas de seguridad que Nintendo implementó en el dispositivo. Se llegó incluso a decir que la correa de seguridad era defectuosa, pero al final fue inevitable comprender que la sutileza de los movimientos nipones era incompatible con la brutalidad gesticular de Occidente. Y después se preguntan por qué se vendieron tantos LCDs…

No han sido pocas las ocasiones en las que hemos oído hablar de campeonatos de overclocking, usualmente auspiciados por los mismos fabricantes de placas base. Por supuesto, estas pruebas a nivel profesional demandan la utilización de nitrógeno líquido, y aunque sabemos muy bien las consecuencias de su mal manejo, en sesiones de overclocking de alto nivel el nitrógeno es consumido como si fuera agua mineral. Además, el hardware utilizado también requiere de una preparación adicional, como es el caso de una capa aislante sobre la placa base para evitar los nefastos efectos de la condensación. Ir lo más rápido que se pueda con la estabilidad suficiente para correr pruebas, casi como la Fórmula 1. Después de todo, ¿a quién le gustaría cargar el disipador con nitrógeno manualmente cada cinco minutos?

En momentos absurdos y extremos de tecnología no podíamos dejar afuera a Windows, a través de las dos versiones que dejaron huella en los medios gracias a sus fallas catastróficas. Algunos podrán pensar que esto no es más que hacer leña del árbol caído, pero cuando el árbol es una corporación de cientos de miles de millones de dólares… en fin. El primero no es otro más que Windows 98, con su mente maestra en el escenario, un escáner que se declara en rebeldía frente al Imperio de Redmond y una pantalla azul que recorrió el planeta. El segundo, aquel convertido, y con mucha razón, en la bolsa de arena de toda una generación: Windows Vista. No importan las excusas que puedan dar, cuando un sistema confunde madres con tías y detecta asesinos donde no los hay, lo único que queda por hacer es revolcarse de la risa.

He estudiado esta clase de vídeos durante meses. Al principio me pareció una aberración, todo un pecado contra natura. Pero después de varias consultas y decenas de declaraciones en diferentes foros, decidí hacer una prueba personal. Es increíble, y completamente absurdo, pero funciona. El truco está en quitar la batería (algo que el primer sujeto no hace) y en asegurarse que no quede ni un solo rastro de humedad sobre la placa madre. Hay varias formas de hacer esto. La primera es dejarlo secar durante días. La segunda es sumergirlo en isopropanol para acelerar drásticamente el proceso de evaporación del agua. Mi opción fue exponerlo a una temperatura de entre 40 y 45 grados durante varias horas. Pero por lo que más quieras, adentro del horno, no.

Todavía sigue vivo el recuerdo de aquella impactante galería de capacitores inflados. En ese entonces hemos mencionado lo peligrosa que puede llegar a ser la detonación de uno de estos pequeños demonios… ¿y adivinen qué? Algunos sujetos han estado volando capacitores a propósito, ya sea con una sobrecarga para medir su capacidad, o instalándolos al revés por diversión. Si de por sí los efectos son bastante espectaculares en espacios abiertos y entornos más o menos controlados, imagina el resultado de una explosión dentro de una carcasa cerrada, y con el capacitor rodeado de otros componentes. Micro-Hiroshima en tu sistema.

Y para cerrar, la suma de toda la estupidez. Un recordatorio implacable de por qué la ignorancia no es ninguna dicha, especialmente cuando la electricidad (y no tanto la electrónica o la informática) está en el medio. Como persona que se ha visto expuesta a diferentes niveles de tensión e intensidad en forma accidental, estoy calificado para decir que no se pueden cometer idioteces como esta. Que la pluma terminara incrustada en el zócalo de la bombilla, eso es una casualidad. Pero lo que hace después, no. Lo más probable no será que pienses “pobre tipo”, sino que termines en el suelo revolcándote de la risa. Y está bien, porque es posible que todavía estén tratando de sacar al sujeto del rincón en el que quedó incrustado. ¡Gracias por mirar!

Escrito por Lisandro Pardo

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