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Batería de cadáveres humanos (Soylent Green)

Tu cuerpo, ese que tanto te gusta y tocas cada día, está compuesto aproximadamente por un 15% de grasa. Se trata de una máquina delicada capaz de generar unos 11.000 vatios/hora de energía solo para que puedas moverte y mantener tu temperatura corporal. De hecho, tu cuerpo genera energía todo el tiempo, incluso cuando duermes. Pero ¿puede generar energía después de tu muerte? ¡Seguro que sí!

Supongamos que sales a caminar por el parque. Esa simple actividad puede hacer que tu cuerpo produzca la energía necesaria para generar unos 163 vatios de electricidad. Simplemente por caminar. Incluso cuando tu cuerpo está en reposo, por ejemplo cuando duermes, es capaz de producir más de 80 vatios de electricidad. Es obvio que cuando menos se mueve el cuerpo, menos energía produce. Ahora, ¿qué sucede cuando nos quedamos “totalmente quietos”? O sea, sí, cuando morimos. ¿Seguimos generando energía cuando pasamos a ese estado de ex-personas, convirtiéndonos de a poco en abono y comida de gusanos, mientras disfrutamos ver crecer las flores de abajo hacia arriba?

Parece que sí, que los ordenadores malvados de Matrix no estaban tan errados en buscar energía en el cuerpo de algunos miles de millones de humanos convertidos en zombis y metidos dentro de una pecera Hitech. Pero hay un problema: si el razonamiento del párrafo anterior es cierto, en el momento en que morimos, nuestro cuerpo debería cesar de producir energía. Y esto es absolutamente cierto… a menos que pongas tu cadáver a trabajar.

Estamos acostumbrados, luego de que se produce la muerte, a donar órganos o incluso nuestros cuerpos completos a la ciencia. Pero, ¿podremos acostumbrarnos a donar cadáveres para recargar pilas? Si James Barrena y Jimmy Loizeau, del Royal College of Art, logran “vender” su proyecto “AfterLife”, es posible que sí. Estos artistas están trabajando en un concepto, que puede verse en la exposición Elastic Mind (“Mente Elástica”) en el MoMA de Nueva York, basado en la utilización de la tecnología conocida como Pila de Combustible Microbiana (Microbial Fuel Cell, o MFC).

La MFC es una nueva clase de energía renovable donde el combustible es la materia orgánica (en este caso sería tu cuerpo en descomposición), que se convierte en electricidad mediante el uso de determinadas bacterias. Las bacterias son organismos voraces, capaces de convertir una gran variedad de sustancias orgánicas en dióxido de carbono, agua y energía. Normalmente, las bacterias utilizan la energía producida para alimentar su propio metabolismo pero, gracias a la tecnología de MFC, una parte de esta energía puede ser convertida en electricidad.

La producción de energía con el MFC no algo perteneciente sólo a la ciencia ficción, aunque seguramente has visto como en Mad Max generaban electricidad con los excrementos de cerdo o en Soylent Green hacían galletas con viejos e indeseables. Pero trabajar con un cuerpo en descomposición es una historia diferente. La idea es que la electricidad generada a partir de la descomposición sea almacenada en baterías recargables. Las como Pilas de Combustible Microbianas, al igual que las pilas de combustible convencionales, tienen un par de terminales llamados ánodo (polo negativo) y cátodo (polo positivo). También tienen un electrolito, es decir, una solución que le permite a los iones viajar de un terminal al otro. En resumidas cuentas, puede reemplazar perfectamente las pilas comunes.

Es muy posible que tu idea de “inmortalidad” sea algo muy diferente al convertirte en una pila de combustible. Pero, aún así, no deja de ser una idea interesante. Al fin y al cabo, una vez muertos, poco importa que ocurra con nuestros cuerpos, así que… ¿Qué mejor que emplearlos para proporcionar a los que siguen vivos una fuente de energía limpia y reducir así nuestra huella de carbono?

Escrito por Ariel Palazzesi

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