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ConvAIRCAR: El auto volador del pasado

Desde que se convirtió en un producto de consumo masivo, hace más de 60 años, la industria del automóvil ha introducido miles de innovaciones tendientes a mejorar la experiencia de conducir un coche, hacerlos más seguros, más rápidos, y por que no, capaces de volar.

Los lectores más jóvenes pueden creer que la idea de construir un coche capaz de volar es algo relativamente reciente. Pero, por supuesto, se equivocan. Se trata de una de esas ideas que los ingenieros mantienen dando vueltas por sus cabezas durante décadas. Y no es para menos: quien logre diseñar y fabricar un coche volador fácil de conducir (y que no cueste una fortuna) se convertirá en alguien muy rico.

Es que volar ha sido desde siempre una de las más grandes aspiraciones del ser humano. Pero vencer la  gravedad y desplazarse por el aire resulta imposible para nuestros pesados cuerpos concebidos para permanecer en tierra. Por eso hemos construido máquinas voladoras para surcar el aire con ciertas garantías de éxito.

Uno de los mejores intentos en este sentido es el de la empresa fabricante de aviones Vultee, que diseño el ConvAIRCAR, un coche volador que despegó por primera vez en 1947. No fue el primero, ya que el Curtiss Autoplane lo había hecho en 1917. Pero esta vez parecía que el vehiculo lo tenia todo para conquistar el gran público.

El material elegido para el automóvil era un, para la época, revolucionario material plástico recubierto de fibra, que permitía obtener un coche liviano y capaz de volar 45 millas con un galón de combustible (unos 100 kilómetros con 5 litros), rendimiento muy bueno aún en nuestros días.

La empresa Vultee proporcionó los fondos necesarios, y sus ingenieros concibieron ConvAIRCAR. Se trataba de un automóvil más o menos convencional, al que se le podían adosar sobre el techo un par de alas, cola y propulsor. Todo por unos 1500 dólares de la época.

La idea era que el usuario de uno de estos coches conduciría por las rutas, como cualquier hijo del vecino. Pero cuando fuese necesario, iría hasta el aeropuerto más cercano, adosaría la estructura adicional sobre su coche, y volaría hasta el aeropuerto de destino. Una vez allí, desmontaría el equipo de vuelo y conduciría su coche normalmente otra vez.

El 17 de noviembre de 1947 el ConvAIRCAR apareció en el New York Times, gracias que había realizado con éxito un vuelo de una hora y dieciocho minutos sobre San Diego. Esas pruebas estaban destinadas a que el público conociese y confiase en el aparato, y la hazaña fue el comentario de todos. Pero los planes de comercialización de Vultee dieron por tierra (en el sentido más literal) cuando el prototipo de pruebas se estrelló en el tercer vuelo, acabando con la vida del piloto. Sin embargo, la idea le gustó a otros empresarios y, según puede verse en el Smithsonian Museum, para 1989 se habían presentado unas 30 patentes de "coches voladores".

¿Para que querríamos un auto volador, si ya tenemos aviones de todo tipo? Muy fácil: para evitar todo el incordio que supone desplazarse hasta un aeropuerto, sortear controles cada vez más exhaustivos, y perder mucho tiempo. El ConvAIRCAR no era la panacea ni evitaba esos problemas, pero sin dudas era un buen comienzo. De haber prosperado, no caben dudas que hoy nos subiríamos a un coche volador capaz de despegar en nuestra calle, cada mañana, para ir a trabajar.

Escrito por Ariel Palazzesi

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