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Los archivos Creepypasta de la SCP: SCP-956

«Rompe-Niños»

Los humanos tenemos rituales bastante extraños. Un pastel y una vela el día de nuestro nacimiento, decoramos árboles con luces y repartimos obsequios (por más que eso esconda algunos horrores), festejamos como locos una vuelta alrededor del Sol… creo que nunca vamos a cambiar. Pero hay veces en las que esos rituales se convierten en algo más. Algo independiente y único. Algo vivo. Claro que… el problema es siempre el mismo. Si está vivo, entonces tiene deseos, necesidades. Ahí es cuando aparecen los muertos.

Créeme cuando te digo que uno de los aspectos más frustrantes de nuestros intercambios es que no tengo todas las respuestas, o no puedo compartirlas. En este caso, no tengo idea de dónde viene nuestro pequeño compañero, o por qué necesita una habitación de 18 por 18 por 4 para ser contenido. Los doctores y el equipo de limpieza sólo entran allí cuando se encuentra «inactivo», aunque no parece capaz de hacer mucho a simple vista.

No, tus ojos no te engañan: SCP-956 es una piñata. ¿Pony, unicornio, burro mutante de color rosa…? Como sea. Su textura es similar a la del papel maché, pero los genios del laboratorio detectaron que está hecho a puro pegamento, azúcar, un pelaje que no lograron identificar, tejido humano, y algo más que a pesar de mis esfuerzos, sigue clasificado. En contra de su naturaleza, SCP-956 ha demostrado ser especialmente resistente a impactos. El calor, el fuego y las armas tradicionales funcionan bastante bien para dañarlo, ¿pero aplastarlo y golpearlo? Pérdida de tiempo.



El estado general de SCP-956 es pasivo… hasta que un niño menor de 12 años entra en su rango de acción. La Fundación… ha hecho pruebas, y determinó que ese rango es menor a cien metros. El proceso toma menos de dos minutos, pero una vez que entran allí… se quedan quietos. Petrificados, conservando su última posición. No pueden hablar ni moverse… salvo por los ojos. Siguen vivos, y nunca pierden la consciencia.

SCP-956 se acerca a su víctima y comienza a golpearla salvajemente hasta que su torso se abre. De su interior comienzan a salir toda clase de dulces sin marcar. A veces sólo un puñado, y en otras ocasiones… miles de piezas. Si hay más de un niño petrificado cerca, SCP-956 sólo repetirá su acción: Todos los niños en sus cercanías son piñatas para romper.

La Fundación ha logrado impedir que SCP-956 «abra» a un niño con solo alejarlo de su zona de acción, pero no pueden deshacer la petrificación. El estado es permanente e irreversible. Las… autopsias revelaron que los cuerpos entran en una profunda fase de deshidratación, y que los dulces «crecen» en los órganos internos, usando su tejido como componente base. Al parecer, la cantidad de caramelos depende del tiempo de permanencia de la víctima en la zona.


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Los caramelos han sido designados SCP-956-1, y almacenados a temperatura bajo cero para evitar que se derritan… al menos, hasta que se autorice su incineración. Si un humano mayor de 12 años consume uno de esos dulces, sufrirá un colapso general con una posibilidad mínima de ataque cardíaco. Algunos Clase D lograron sobrevivir a los experimentos, pero el resto… ya sabes. En cambio, si el consumidor es menor de 12 años, entrará en un estado de petrificación y se convertirá en otra instancia de SCP-956. No hay detalles en el archivo, pero la transformación es muy… visceral. Nadie sobrevive.

Lo último que necesitas saber sobre SCP-956 es que ha modificado su comportamiento. En vez de permanecer inmóvil como antes, ahora acostumbra recorrer el perímetro de su habitación. Una de las instancias siempre se quedaba observando al mismo punto en una pared. Seguridad analizó el patrón, y lo que hacía era mirar en la dirección de una escuela primaria. Si SCP-956 puede detectar niños a kilómetros de distancia… una simple falla de contención podría causar una catástrofe.


CLASIFICACIÓN: EUCLID


Escrito por Lisandro Pardo

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