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Desarrollan prótesis facial con una impresora 3D

En más de una ocasión hemos hablado sobre el potencial de las impresoras 3D para crear piezas de repuesto, pero en esta oportunidad, dicho potencial fue llevado al extremo. Un hombre llamado Eric Moger logró sobrevivir a la extracción de un tumor agresivo ubicado en su rostro, aunque pagó un precio muy alto: Un ojo, el hueso cigomático del lado izquierdo, y parte de su mandíbula. Tras cuatro años de recuperación y la imposibilidad de comer o beber normalmente, Moger ha visto restaurada una gran parte de su rostro, tanto en lo estético como en lo funcional, gracias a la impresión en tres dimensiones.

La impresión en tres dimensiones continúa su lento camino hacia los hogares. La impresión por chorro de tinta debió llevar a cabo el mismo ritual en su momento, cuando su alto precio limitaba su presencia a entornos empresariales e industriales. La impresión 3D ha permitido el desarrollo de un vector artístico muy importante, mientras que en un aspecto más funcional, ya se pueden crear piezas que no están disponibles a través del fabricante original, o que tienen un costo demasiado alto. Ahora, ¿cómo se puede aplicar la impresión 3D en medicina? Ya es algo relativamente común en prótesis dentales, pero Nicolás nos habló hace poco sobre el reemplazo del 75 por ciento del cráneo de un paciente. Si los huesos no son un problema, ¿qué hay del rostro?

El caso de Eric Moger es impactante. Administrador de un restaurante y a punto de casarse, Moger casi perdió la vida debido a un tumor muy agresivo en su rostro. Los médicos lograron salvarlo, pero el tumor se llevó consigo medio rostro. Las sesiones de radioterapia y quimioterapia limitaron la capacidad de curación de Moger, dejando un agujero en donde debía haber un ojo y un pómulo (la imagen es demasiado explícita para colocarla aquí, recomiendo cautela si deciden buscarla). Con acciones básicas como comer y beber fuera de su alcance, una solución aceptable para Moger llegó a través de una prótesis creada con una impresora 3D. Gracias a la intervención de Andrew Dawood, cirujano dentista y experto en implantes, se utilizaron imágenes obtenidas por tomografía computada para determinar la forma definitiva de la prótesis.

Un andamio de titanio, una placa de plástico para sellar la parte superior de su boca (permitiendo así que pueda comer y beber normalmente), varios imanes y la impresión 3D del molde para crear la cubierta externa de silicona, componen la prótesis facial de Moger. El doctor Dawood menciona que aún no se puede imprimir silicona directamente, pero que se están desarrollando máquinas que trabajan con un material muy similar. En cuanto a Moger, está fascinado con el resultado estético y por lo bien que funciona, ya que logró beber agua de un vaso después de cuatro años.

Escrito por Lisandro Pardo

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