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El Teléfono Rojo: Palabras en la Guerra Fría


Fueron varias las oportunidades en las cuales la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética estuvo a punto de dejar de ser fría. Pero a pesar de los conflictos diplomáticos y las guerras indirectas que llevaron a cabo ambos estados, Washington y Moscú contaban con una vía de comunicación directa: El popularmente llamado “Teléfono Rojo”. La razón era muy sencilla: Más allá de las diferencias ideológicas, los intereses políticos, y los rencores que surgieron con el paso de los años, ambos lados estaban de acuerdo en que el enemigo principal era la falta de información, y para combatirlo, se utilizó la tecnología más estable en materia de comunicaciones.

El domingo 14 de octubre de 1962, el coronel Steve Heyser de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos tomó más de 900 fotografías desde el Lockheed U-2 que piloteaba, confirmando la existencia de bases de misiles soviéticos que estaban siendo instaladas en territorio cubano. La historia hoy identifica al hecho como la “Crisis de los Misiles en Cuba”. Fueron trece días de pura incertidumbre y temor, con los ánimos alterados en ambos lados, e incluso un muerto, el mayor Rudolf Anderson.

Información desclasificada reveló décadas después que el 27 de octubre de ese año, horas después de que Anderson fuera derribado, Vasili Alexandrovich Arkhipov, segundo al mando del submarino B-59, convenció al capitán Valentin Savitsky de no disparar un torpedo nuclear contra naves estadounidenses, evitando así lo que bien podría haberse convertido en una guerra nuclear a gran escala. El conflicto se cerró oficialmente al día siguiente, y de las negociaciones en los meses posteriores surgieron diferentes acuerdos. Uno de ellos, fue el Teléfono Rojo.

En realidad, el “Teléfono Rojo” brilló por su ausencia, y la comunicación principal se realizaba vía teletipos, como el Siemens T63-SU12 que ven en la imagen.

El nombre oficial es “Línea directa Moscú-Washington”, establecida el 20 de junio de 1963. La Crisis de los Misiles en Cuba había sido el ejemplo perfecto para exponer lo peligroso que podía ser la ausencia de una vía de comunicación confiable entre ambos poderes. Para colocarlo en perspectiva, el mensaje original de Nikita Khrushchev tardó doce horas en ser recibido y decodificado, tiempo en el cual se podría haber desatado una tragedia. Irónicamente, la primera versión del Teléfono Rojo no tenía nada de teléfono, ya que se pensó que un intercambio verbal directo podía ser malinterpretado.

La ruta original del circuito de telégrafo (teletipo) unió a Washington, Londres, Copenhague, Estocolmo, Helsinki y Moscú, utilizando en su tramo inicial al TAT-1, el primer cable telefónico transatlántico submarino, respaldado por una conexión de radio secundaria entre Washington, Tánger y Moscú. La primera actualización mayor se acordó el 30 de septiembre de 1971, cuando se agregaron dos canales de comunicación satelitales. La conexión cableada fue reasignada a un rol secundario, y se eliminó la conexión de radio con vínculo en Tánger. El proceso de actualización tomó casi siete años. (Puedes encontrar una copia desclasificada del acuerdo aquí).

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La siguiente fase de actualizaciones se llevó a cabo durante la administración Reagan. La propuesta se realizó en mayo de 1983, y se materializó en julio de 1984, con el agregado de soporte para comunicaciones por fax, que entraron en operación en 1986. Un detalle curioso es que algunas fuentes mencionan que la instalación del teléfono propiamente dicho se realizó durante la primera fase de actualizaciones, mientras que otras lo colocan junto al soporte de fax a mediados de los ‘80 (como por ejemplo, el artículo “The Origins, Use and Development of Hotline Diplomacy”, por Haraldur Þór Egilsson).

El término “Teléfono Rojo” podrá ser simbólico en estos días, estimulado por toda clase de películas y novelas, pero la línea directa entre ambas capitales sigue funcionando, y a decir verdad, no es la única. India y Pakistán poseen una vía de comunicación similar, mientras que Estados Unidos también mantiene un enlace con China, algo más que razonable teniendo en cuenta los tiempos que corren.

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Escrito por Lisandro Pardo

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